9 de marzo de 2008

Lentitud

Aprendí a percibir hasta el más pequeño cambio en tu ánimo gracias a las horas empleadas en atisbar como se abren los tulipanes, como se mueve la aguja pequeña del reloj de pared en el salón oscuro, como pelean los caracoles por ascender hasta lo más alto de la barandilla oxidada del balcón.

Es esta misma paciencia que criticas, la que me hace gritar cuando salimos a la autovía y aceleras y yo me tengo que tapar los ojos, la que me hace ignorar los minutos ya que la aguja grande avanza demasiado rápido. Esa misma paciencia que quemas con tu voz irónica la que me permite darme cuenta de cuando acechan tempestades y falacias tras esa sonrisa de eterno comodín imperturbable.

3 comentarios:

Ernesto Hugo* dijo...

uysss pues paciencia si que tengo yo poca...A mi madre no salí desde luego , que pasaba horas y horas intentando pedirme que no la molestara cuando cocinaba sin darme un guantazo.
Cosas de la edad supongo :)

Víctor L. Briones Antón dijo...

Vaya, un placer verte por aquí.

Todos tenemos más paciencia de la que creemos, más aguante del que somos capaces de confesar, lo que pasa es que lo fácil es explotar. Y todos sabemos, gracias a las películas de artes marciales, que el camino fácil no es el camino más corto.

Saludos.

David Mariné dijo...

observando la vida se vislumbra lo imperceptible. me gustó.
abrazo.