20 de abril de 2008

Escuece -La queja que no cesa-

Me escuece el reflejo del cloro
en esa higuera de sombra esquiva
que me negó sus favores;
estoy pudriéndome, ardiendo.
Me escuecen los amigos
ebrios a escasos kilómetros de mi deseo,
amigos que ya lo son menos
porque así lo siento y lo digo.
Me escuecen las grietas que se agrandan,
las separaciones como bocas secas,
los olvidos y las omisiones.
Me escuece saberme complejo
y pintarme como un monigote
en el folio rugoso de mi tarjeta de visita.
Me escuece mirar y no retener,
pensar y no manejar mis ideas,
ir último en todas las carreras,
ser sordo a las pistolas y a las oportunidades.
Me escuecen las avestruces
y las dagas que se quedaron
en los rincones que no barro.
Me escuecen las parejas cojas,
las peleas que se retuercen
y derivan en rupturas,
las reconciliaciones húmedas y falsas.
Me escuece esta falta de piernas,
este caminar en círculos,
este sentarme a elegir un mundo
en catalogo anticuado.
Me escuece esta montaña de inercia
esta sístole sin furia,
esta diástole de abismo adolescente.