12 de abril de 2008

Xilófono

Un corte limpio desde la nuez hasta el ombligo.
Tirando de los extremos de la piel abrí el pecho por el capítulo siete.
Descubrí mi esternón y mis costillas.

Y toqué con mi bolígrafo lo que debía ser una melodía salvadora.

Pero sólo sonó el humo de los hombros vencidos,
las migas mojadas en leche y sangre, los picos mojados en silencio.

Y toqué, anticipándome al descanso que se toma la vida entre muerte y muerte,
para comprobar si es verdad esa historia sobre la felicidad arrebatada,
esa leyenda que nos contaron sobre la sonrisa del hombre desgraciado.

Y toqué con mi bolígrafo la posibilidad de una sordera suave,
pero sonó el tacón contra el asfalto tirano,
los pasos esclavos levantando pirámides en el desierto de mi pecho.

Un final precipitado de sillas derramadas.
Cremallera y manta, me cubro con el latido de mi vergüenza.
Convierto en advertencia la cicatriz entre mi vientre y mi garganta.

5 comentarios:

elmudo dijo...

Claro, claro que tienen que ver. Incluso formalmente: fíjate que son versos largos, casi prosa.

V., estoy empezando a asustarme... son demasiados parecidos.

Un beso.

elmudo dijo...

Parece que hubieras rechazado o dejado pasar la oportunidad de desnudar esas tripas, y por eso el cierre y la cicatriz.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Pues no te asustes y disfruta. Está bien pensar las mismas cosas, sufrirlas y disfrutarlas de forma parecida.

Respecto a la oportunidad que mencionas dejé pasar no es más que el sentimiento de que aun tengo que aprender a controlar mis palabras, no para callar nada, sino para que digan lo que quiero que digan, ni más ni menos. Desde este poema a ahora he avanzado, me siento cada vez más capaz.

Cuando abrí entonces aun quedaban demasiados añicos del hombre convencional que siempre he sido. Cada cierto tiempo abro de nuevo la cicatriz y mi interior está más limpio de lo que fui.

Un besote tío y que sepas que me encanta hablar contigo de caminos comunes.

elmudo dijo...

Yo creo que la clave está en perder el miedo. Miedo a que tu expresión en los versos sea fea, o tosca, o símplemente chocante para la moda. Tener la atención fija sólo en decir lo que quieres decir y que las imágenes sean precisas, exactamente ajustadas a la idea: que no falte nada, que no sobre nada. Como un canto rodado.
Da mucho vértigo, pero cuando lo consigues ya actúas con una libertad y una seguridad enormes, aunque no le guste a nadie. Te basta con sentirte cómodo ante lo que haces, y sabes que está bien. No puedes estar seguro, como es natural, pero es que ya no te importa: no tienes miedo.

Un beso.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Eso es mudo. Persigo esa cara sensación que acontece tras haber dicho exactamente lo que querías decir.
Crear ese lenguaje libre que es la poesía, esa manera de expresar que es una mezcla entre juego, suicidio, descubrimiento y verdad, es complicado. Pero llega un punto en que ya no puedes expresarte de otra forma. Rondar la propia voz, la forma particular de expresarte.

Con respecto a lo de las modas pues habría mucho que discutir. Últimamente prolifera mucho la poesía pop, por llamarla así escrita casi siempre por chavalines a los que se les intuye talento pero que no salen de dar tres pinceladas coloristas muy relacionadas con el imaginario establecido que ellos creen que es muy distinto a lo común.
Es labor del poeta también encontrar el verdadero pulso de los hombres que le rodean, sus preocupaciones y gustos, por encima de modas.

Así pues entiendo que lo primero es sentirte cómodo en tu pellejo y después pues si tienes que vivir en el páramo toda una vida pues da igual porque no te alimentas de nada que tenga que ver con reconocimiento, éxito, halagos, etc...

En mi caso no es tanto miedo como timidez. Me siento frágil F., muy frágil. Pero voy saliendo del cascarón a medida que descubro que son muchas las cosas que tengo que decir.