26 de julio de 2009

Insectos XIII

Racimos de saltamontes diminutos me hipnotizan
cada mañana cuando salgo a regar los rosales.
Se agarran con fuerza a las espinas e ignoran
la maldad de mi índice curioso que los acaricia.

No sabía que los saltamontes nacen en verano.

Copias diminutas de sus padres pronto crecerán
hasta ser tan grandes como mis dedos
y abandonarán las espinas sin acordarse
de mis maternales cuidados de jardinero necio.

No sabía que los saltamontes nacen en verano.

Los veré huyendo del gato gordo y negro
que les persigue por el jardín y los trae a la cama
con las patas amputadas, ofrenda al jefe
que criaba sin saberlo juguetes para su subordinado.

En mi jardín, los saltamontes, sólo viven un verano.