31 de agosto de 2009

La calma

La calma se presenta sin avisar
y ahuyenta la sombra jorobada.
Imperfección en la sucesión
de los pequeños placeres
inflamados ahora.
La calma
los evapora, los convierte
en edificios inclinados:
amenaza insegura de sí misma.
Y vuelves a ser capaz
de acompasar el deseo con las acciones,
de relacionar tus manos
con la cuchara que sostienen,
la cuchara
con el alimento que viaja hacia tu boca,
tu boca
con la sencillez entre los dientes
esperando para volver a ser palabra.
Esa calma tan carente de causa,
sin dueño, procedente de un lugar
oculto tras aquellos actos de felicidad ficticia.

8 comentarios:

Yo soy Joss dijo...

lo tuyo es una montaña rusa emocional

Arezbra dijo...

Porque es insegura la calma de sobrada presume la angustia.
La calma no tendrá dueños mientras de tener se trate porque caprichosa se le antoja a los que sólo la deseamos aparentemente al alimentarnos de desasosiego.
Un abrazo

theodore dijo...

Y prolongar la calma todo lo posible, que ya habrá tiempo de prepararse para una nueva tormenta.

Un abrazo.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Joss, no sabes hasta que punto, y ahora estoy estable. Siempre se tiende a exagerar, pero sí, soy hombre de altibajos.

Arezbra, sin calma como predecesora de la clarividencia es imposible crear, por eso es una fruta tan preciada. Y no te alimentes de desasosiego que se indigesta más que un gazpacho mal "aliñao"

Theo, En eso estamos, a mi me funciona la constancia, constancia para escribir un poquito cada día, para buscar actividades en las que entretener el pensamiento y no dejar que esa máquina averiada de hipotetizar que es mi cabeza coja carrerilla.

Gracias por vuestras lecturas y comentarios.

de Avalon dijo...

Hay un instante antes de llover en que las hojas de algunos árboles brilllan más de lo normal. Ese isntante, ese, es el regalo, el de la inminencia.
Después se puede respirar de nuevo.

gracias.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Pues sí, de Avalon, respirar, no hay que olvidarse de respirar.
Ese momento que comentas, ese efecto en las hojas de los árboles, también puede apreciarse en las personas, ¿has visto brillar de repente el rostro de alguien justo antes de decirte algo capaz de romperte las dos piernas y hacerte caer desecho al suelo? ¿Has estado cerca de alguien al que de repente se le elevan los hombros, se le tensan los músculos y se le pone una sonrisa maliciosa? Esos son signos de una idea con potencial de poner una vida patas abajo.
Son esas cosas las que busco, con las personas es más complicado, así que nos entrenaremos con las hojas.

Un abrazo de aquí a Lima.

de Avalon dijo...

A veces no sé muy bien de qué hablan los demás i pongo toda mi atención en ello, en el intento, por lo menos.
Y a veces un gesto, ese brillo de las hojas, ese fulgor en la mirada... Si, juraría que esta vez sé muy bien de qué hablas.

Recibo ese abrazo i te lo devuelvo.

(ah, ese gazpacho tedrá que ponerse de acuerdo con el mío... ;))

Argax dijo...

A veces no sé muy bien ni lo que hablo yo mismo, cojo carrerilla y acabo liado en mis propias palabras.

Hoy he hecho gazpacho y se me ha ido la mano con el vinagre, ha sido gracioso ver a mi hermana dando saltitos toda la tarde cuando se le repetía. Pero aun así estaba bueno de narices.