14 de octubre de 2009

El acerico de Gloria Fuertes

El corazón como un acerico.
Silenciadas las convulsiones
de tanta aguja enconada.

El corazón como un acerico.
Los latidos ensartados,
desangrados los suspiros.

El silencio ya me explico
de este motor remendado:
es necesario estar vivo
para poder ser desterrado.