1 de octubre de 2009

Incierto

Transcribo un lenguaje deslavazado
a torpe vocabulario de hombre,
miedo a la luz circular enmarcada,
conciencia disfrazada de Verne.

Piso a fondo el desenfreno,
pido a los ciudadanos sus grilletes,
arranco las crines a la mula
aterrado por su pausado avance.

Esperar por imposición,
dudar como profesión,
desmembrar la vida
en pasado y futuro.
Dejar vendido el presente,
saldado, regalado, latente.
Comer cuchillos, fregar alimentos.
Jinete de cangrejos, alpinista de infiernos.

Convierto los parques en tanatorios,
los ataúdes en neveras,
el hielo en escaparate penitenciario,
una semana en una quiniela.

Veo marchar todos los trenes
desde el andén equivocado.
Confundo bridas con espuelas,
jilgueros con halcones,
jolgorio con viruela,
cicuta con infusiones.

Duermo mientras me caminan las aceras
y despierto a una hora distinta cada día
para adaptar el capricho al dicho:
la vida es una sala de espera.