8 de octubre de 2009

Pastoral en Verso

¿Qué sucede cuando bañamos a nuestro perro de lanas?
Nos damos cuenta de que no es un perro.


El pastor tenía una oveja llamada Verdad.
No la esquilaba por miedo,
sabía qué iba a encontrar.
Tenía esa oveja hermanas:
Rutina balaba monocorde
advertencias imposibles de escuchar.
A la mesa con el pastor
se sentaba Realidad,
se comía su queso,
sorbía con estruendo la sopa,
pedía postre, café y puro.
Sustituta de amigos extraviados,
de hijos no nacidos,
de una mujer por inventar,
siempre junto a la oveja más vieja: Soledad.
Deseo gustaba de permanecer tumbada
fingiéndose dormida en el corral.
Angustias parada frente a la puerta
hablando por unos ojos sin ojal.
Fueron muchas otras ovejas
olvidadas, muertas de vida,
enterradas en una memoria blanda
de querencias inconstantes
y palabras en el palomar.
Un rebaño demasiado casero,
un golpe al estado permanente
de los hechos desechados.
Un rebaño acomodado a la existencia
de renuncias necesarias.
Un hatajo de cabronas ovejas
con paladar de tigre,
gobernantas de pezuña funesta,
esclavizan la pasta endurecida del hombre
que eligió ser pastor de sus miserias.



Para el interesado en ver la versión en prosa de esta pastoral pinche aquí.