5 de noviembre de 2009


Los relojes pesados castigan
la claridad del dibujo a carboncillo.
Los trazos inseguros desmienten
la solidez de los tobillos.

La boca de pez con anzuelo
repite nerviosa el estribillo
que como rezo en regazo ateo
aparece imposible y sin brillo.

Esperar un tiempo como girasoles
buscando del sol el capricho.
Un tiempo moreno de salitre.
¡Vida bajo lápida, gritos en el nicho!

3 comentarios:

Fernando Yacamán Neri dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Víctor L. Briones Antón dijo...

Sólo quizás Fernando, sólo quizás. El suicidio no consiste en dibujar en la acera con nuestros sesos, hay más suicidados caminando por las calles que en la morgue, eso seguro.

Un saludo y encantado de tenerte por aquí.

elmudo dijo...

Que el sol pueda salvar del suicidio no lo sé; pero que ayuda eso os lo aseguro.
Yo lo dejaría dormir unos meses y luego a ver si lo pulía un poco o no.
Si lo haces, cuéntame qué tal...