24 de agosto de 2010

Cajas

quererte a lo Diógenes
rellenar objetos
patíbulo en la espalda
sudor congelado
fui el miembro fantasma
objetos punzantes
las adelfas de la mediana
el cambio automático
el plus del taxi por nocturnidad
objetos cebados
de partidas de cartas
de manteles de papel
de psicoterapia
entre tu esternón y el calendario
teatro con cervezas
dentelladas en el receso
quererte a lo Diógenes
como éramos
capaces de engañar al mundo
arrinconado en la última balda
lacrado de sombra
latiendo sobre la voluntad
las cajas amordazadas

Para Chá

5 comentarios:

elmudo dijo...

Para Chá ¿no?
Preveo un otoño tormentoso, Diógenes.

elmudo dijo...

De tu Otelo.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Otelo, por qué eres así Otelo. Para qué esos celos y para cuando tus palabras.

Un beso.

P.D. todos los otoños suelen ser tormentosos

G-boy dijo...

Es la fuerza de la costumbre jejeje, los terremotos y movimientos de tierra menores han sido parte de mi vida siempre, hasta les coges cariño, como a la lluvia o a un día soleado...sólo que algunos te alarman más que otros. Genial escrito, recientemente con M en casa le decía a Mamá que el mal de la familia era precisamente el de Diógenes...porque acumulamos hasta lo impensado.

Cariños para ti.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Un síndrome de Diógenes no muy agudo puede ser de mucha utilidad, sólo hay que permanecer atento a lo que brilla entre la porquería que se va recogiendo.

Me alegra verte por aquí. Un beso.