1 de abril de 2011

Estación


Se incendia el mandarino de verde tierno en mi ración individual de naturaleza y me peleo con los pulgones que quieren devorar ese fuego, para ellos tan dulce y que a mi me hace sentir como un cocinero con guantes de boxeo. Me encaro con las razones contundentes de la grama que cubre el pudor de la tierra blandiendo como único argumento el frío permanente de mi piel. Pero apenas alcanzo a distraer su avance de monstruo informe, sólo puedo apretar los dientes para que la marea de hierba y flores no me inunde. Pero siempre encuentra un resquicio por el que colarse hasta lo más recóndito de mi invierno, para hacer que todos los escorzos y los esqueletos de lo que permanecía muerto se revistan de vida nueva.

Miradme, como cada año sucumbo a la prohibición estúpida de no hablar de la primavera, repitiendo así cada estación la derrota del hombre ante lo que le trasciende.