1 de junio de 2011

Diminutillos

7.

El que relata busca un final. El poeta renuncia a él porque no sabe de dónde parte. El que relata construye, el poeta descubre.

8 comentarios:

maliae dijo...

el poeta busca y descubre, de acuerdo.
el que relata busca un final o muestra un camino?
o sólo es una cuestión de heramientas?

;)

Argax dijo...

Es una cuestión de ponerse en lo que creo que es la piel del poeta. Cuando me pongo en la piel del narrador no sólo me dedico a buscar finales. Pero si siento que con los versos eso de encontrar un final deja de ser un problema. De eso habla este diminutillo.

Berso.

de Avalon dijo...

Es cierto, el poema no necesita esa clase de concreción, lleva todo dentro ya, en germen o en fruto...


bersos

Víctor L. Briones Antón dijo...

exacto Avaloncilla. Siempre he tenido la sensación de que el poema es y punto. Sólo hay que sacarlo de el fondo, traerlo al aquí y ahora. Con lo narrativo el proceso es otro, más relacionado con lo artesanal. Pero yo que voy a decir si tengo idealizada la poesía (con razones contundentes para esa idealización, conste).

Bersos

elmudo dijo...

Dicen que 'poeta' era, para los que inventaron la palabra, "el que hace".

Es decir, no el que actúa, sino el que crea, el que fabrica: el que trae a nuestro reino material y concreto algo que antes sólo estaba en el pensamiento, en la sensación, en el sueño, lo intuído, lo íntimísimo, lo más secreto. Y encima nos lo sirve con las galas magistralmente hipnóticas del ritmo y el canto.

Por eso, quien le quiere, le quiere como a un dios.

Argax dijo...

Mudo, aquí apurando los minutos antes de irme a dormir veo este comentario tuyo. Lo leo y lo releo, y pico en las palabras, en esos matices que las hacen tan poderosas.

El poeta no fabrica, al menos no con la connotación peyorativa que el término fabricar tiene hoy: productos en cadenas de montajes (tengo que ver la etimología del verbo fabricar). Sí estoy de acuerdo en que es el que crea o el que trae, más de acuerdo con lo segundo. El que se atreve a meter la jeta en ese marasmo abigarrado que es la apariencia de la existencia y vuelve trayendo pequeñas perlas perfectas, bellas, indiscutibles y, como dices, las entrega revestidas de un rítmo que le es propio pero que también puede ser apropiado para y por todos.

De las querencias del poeta no hablo. Normalmente a nadie se le quiere por por sus versos, porque no hay conciencia de lo poderosos que pueden ser esos versos, de todo lo que pueden mostrar, y claro, hay que esforzarse por ver y oír y lo que es peor, después viene el cambio, porque nadie puede permanecer igual cuando una verdad rotunda se le revela. No queremos ver el decorado de cartón piedra y la poesía no sólo nos lo muestra sino que nos habla de un lugar muy profundo y misterioso, diciéndonos que es posible alcanzarlo pero que nos quedaremos por el camino y que nada quedará de lo que ahora somos.

No sé mudo, se me vienen muchas cosas a la cabeza respecto a este tema.

Otro besarraco para el maestro de maestros (y lo digo totalmente en serio).

Scardanelli dijo...

Por ahí andaba el asunto por el taller me parece. Del fondo surge, y pocas veces preocupa la introducción, el nudo y el desenlace. En las mejores ocasiones se presenta como una iluminación.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Pues sí, una iluminación, una intuición, un hallazgo (y después se pasa la pulidora claro!)