14 de julio de 2011

Despertar

Mientras escribo noto mis manos temblorosas. Aun con legañas en las yemas. Paro, me lío un cigarrillo, salgo al balcón y me apoyo en la baranda, las manos siguen inquietas. Suspiro y agudizo el oído para captar el silencio del pueblo que despierta. Abajo los pasos de los vecinos suenan a bostezo, se preparan para ir a trabajar. Son pasos irregulares, como si cambiaran de opinión a cada momento, que siguen la cadencia de su corazón acostumbrándose a la cafeína. Pasa por la calle un tractor y veo a los gatos desplegándose, cada uno en una dirección, para buscar una piedra al sol en la que acicalarse.
Los días comienzan todos así, a trompicones, torpes como niños que han pasado la noche entre pesadillas y no están seguros de que el dormitorio en el que despiertan sea real. Debajo de los gruñidos quejumbrosos del estómago vacío puede intuirse el ritmo industrial de la rutina pulida durante años. Me gustaría quedarme todo el día tumbado sin hacer nada, dedicando las horas a observar la calle, creyendo en las posibilidades infinitas de las cosas que tenemos delante y que no vemos, esquivando la deriva hacia el bombo de latido fatuo, hacia esa forma de vivir pautada que hemos encajonado en el reloj.
Pero los demás despiertan y se hacen inevitables los planes, asoman los lugares a los que ir, las obligaciones. Intento poner la mejor de mis sonrisas, siempre sonrío ante el fracaso para acortar el tiempo de olvido de la derrota.
Me gustaría mantener la incertidumbre durante más tiempo, pero no lo consigo. Dura apenas un café, el tiempo de una ducha, lo que se tarda en bajar las escaleras hasta el portal. Dura hasta que el cuerpo decide tomar el control y nos convertimos en otro electrodoméstico más, sólo un poco más inteligentes que la lavadora porque no tienen que decirnos lo que debemos que hacer, lo sabemos, llevamos muchos años haciéndolo, y lo volvemos a hacer hoy, mientras que los gatos se acicalan sobre una piedra caliente.

3 comentarios:

AntWaters dijo...

Ohhh, me encanta cómo escribe usted, caballero, hasta cuando le tiembla la mano.

¿Hacen éso los gatos? ¿También ellos buscan algo duro? :P, con lo que... bueno, yo no busco limpiarme, que conste :P; casi al contrario, yo lo dejo mas jajajaja

También resulta un poco angustioso, ese despertar, salir, volver.

Aquí lo que escribirías con una ventana y un paisaje, tendría viento; el viento hace que la salida sea como mas decidida, ajjjjj.... lo miro como mira Clint Easwood :p

Besos

Alforte dijo...

La rutina a veces se convierte en una tabla salvadora a la que asirse en casos de naufragio.
Bsote Rutinario

Argax dijo...

De todas las ventanas se saca algo amigo Ant, sea viento o gatos sexualmente sexuales. Sí, un poco angustioso si que resulta, pero es que yo tengo una habilidad especial para angustiarme, no es por presumir de esto (que lo he hecho y este despliegue de cola de pavo real me va a convertir en el "capitán neura"), pero es así.

Alforte, pues sí. Pero qué se hace cuando la rutina hace pupa? Averiguandolo estamos. Beso de vuelta.