20 de diciembre de 2011

Decidir para continuar huyendo.

La conclusión, después de mucho análisis de los restos válidos de ideas supervivientes, aparece clara. No escribo más poemas bien por miedo a la mediocridad o al esfuerzo, bien porque aun no he conseguido asesinar a la parte funcional de mi espíritu.
Si no hubiera desarrollado esta sordera que me regalaron junto a mis primeros patucos, esta incapacidad evidente para dar espacio al lenguaje de las vísceras, ahora sería poeta (el ausnto de la calidad de mis versos pertenece a otro debate). Pero desde muy niño me encaminé por la senda racional y ahora, hace algunos años en realidad, he llegado a la encrucijada. He de decidir. Dos alternativas: escindirme, volverme loco (tentador), avanzar lento por los dos senderos obviando el compromiso del caminante de enriquecer el suelo que pisa; o matar el mundo, presentar mis respetos y esperar el infarto del ciudadano huérfano de realidad para después adentrarme en la senda que no lleva a ningún lugar conocido o imaginado.


eran ya muchos años de tanteo

la voz insegura
collage de ideas al vuelo
latido irregular del deseo y la fe

muchas las dudas

el goteo timorato
en parvulario de entrepierna tupida

montañas de documentadas sandeces
y vuelva mañana
                        o nunca

aspirando a respirar el palacio
de los muros ahumados
persiguiendo animales irónicos
hiriéndose con el retroceso
de la escopeta descalibrada

mucho andén sin exiliados
y los pies raíces en la súplica
del olivo bajo la tormenta

morir para decidir
matar para caminar
dar la espalda a los raíles
ahogar la pulpa de la fuga

y sin embargo correr
                              lejos
lejos de este cuerpo
correr con la cordura cerrada
con la esperanza expectante
del golpe contra la verdad
correr hasta extenuarme
y asegurar la pérdida
de las buenas costumbres

4 comentarios:

de Avalon dijo...

No voy a pelearme con tu racionalidad desde mi escasa capacidad para ello.

Escribe, sigue escribiendo, deja ya de...


(mañana sale un papel volando hacia tu casa)

Anónimo dijo...

qué bueno eres, cabrón

(Una Chá cualquiera.)

Víctor L. Briones Antón dijo...

Lo dejo, lo dejo. Pero pienso que a pesar de hablar aquí lo que debería hablar con un profesional ha salido un poema bastante potable y del que estoy satisfecho que ya es más de lo que normalmente se puede decir.
Ya estoy montando guardia en el buzón Avaloncilla.

Anónima Cha, se agradece muhé...

de Avalon dijo...

;)