1 de mayo de 2012

Grilletes


Cuando por las noches me desprendo de los calcetines y froto la marca que han dejado los elásticos en los tobillos, pienso en lugares donde andar descalzo. Hacerlo durante todo el año, durante todo lo que me reste de existencia. Aun con la idea rebotando en el cráneo, me descubro hurgando en el cajón de la ropa interior. Mis manos eligen un par de alegres grilletes de colores para caminar todo el día siguiente, todo el próximo día asfaltado y pegajoso, para atravesar esas horas fotocopiadas que se abren justo después de la alarma de las siete y media en el teléfono móvil.