15 de junio de 2012

Diminutillos



17.


En la avenida
ejecutada para las máquinas
los hombres medran
deseosos de ámbar y amnesia
en la orilla retornan
a su naturaleza de hoguera

5 comentarios:

Conóceme dijo...

Es increible la estupidez del ser humano. Nos creemos dioses, seres invencibles, superiores... pero en realidad somos unos mortales insignificantes y diminutos ante la grandeza del mundo.

Un saludo.

elmudo dijo...

Pues sí; si nos acostumbráramos a la idea de niestra propia muerte, lo entenderíamos todo mucho mejor.

Anónimo dijo...

Pues no y te bajas del camión.

Si nos acostumbráramos a la idea de que tras la muerte habrá más seres que querrán disfrutar del planeta, ya gloria bendita.

Desanonimándome...

de Avalon dijo...

retornan al no saber, al humo, la sangre y la estrechez y si, lA propia muerte es un lugar al que acostumbrarse, sin amnesia... creo.


:)

Argax dijo...

De insignificancias sí, habla el poema. Y de darnos cuenta de que el sitio que nos corresponde no está en las grandes acciones, eso es otra cosa, otra parte de la vida. Hay que separar.

Respecto a la muerte, aunque siempre anda rondando, ahora mismo no le compraría nada.

Abrazos y BErsos a los tres