3 de febrero de 2013

Vivir rendidos

Un escorzo cancerígeno
de tristeza suave e inabarcable
se extendió sobre los hábitos,
dejó de haber luz
y nos amoldamos
al universo de latón oxidado.
Dejó de existir la paz posible,
olvidamos lo moral,
y produjimos nuevos ídolos
más hambrientos y distantes
de los nombres ciertos
que no quisimos utilizar.