10 de julio de 2013

Culpemos al verano


No es el verano
ni este albero suspendido
rasgando los ojos
y secando la boca.

Quizá el agónico asfalto,
tan tacaño, palpitando
bajo pies olvidadizos
o el cuento entre líneas
callado en mi infancia
y que ahora es piel y pulmón.

No es el verano
ni las excusas cálidas;
es el crédulo niño
rebozado de angustia
y la esperanza
en el cambio sin actor.

No es este infierno desatado
sino la decoración del vivir
la que derrite los ánimos.

4 comentarios:

Blackmount dijo...

bellisimo poema. ahora ya se a quien culpar cuando se derrita el decorado de mi vida. gracias

Víctor L. Briones Antón dijo...

Blackmount, menos responsabilizarse de lo propio cualquier cosa ;)Me alegro que te haya gustado.

Carlos de la Parra dijo...

Retrato de la angustia existencial.
Ésa que viene y vá.
Asumir el intento de la empresa que nos rebasa, resultará mejor que postergarlo.
El aparatito zap que cambia canales en el televisor se puede utilizar como herramienta mental para echar fuera al pensamiento de tortura por el de :Sí puedo y allá voy. Pues de cualquier forma aquí estoy, y no me corresponde el saber todos los porqués.
Las infinitudes no tienen fondo.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Carlos, al fin y al cabo se trata de una cuestión de voluntad, de superar la pesadez que impone lo real, impedir esa solidificación a la que tiende la vida.

Conformarse es añadir peso y olvidar lo que decía la Sinatra, estas botas son para caminar.