18 de octubre de 2013

Formas


Me daba tanta vergüenza saberme destruido. Ya no, ahora sé que tan picudo como soy me empeñaba en atravesar estándares, llegar allí donde otros me esperaban para ignorarme; al otro lado para ver el estropicio de mi paso por los dinteles con forma de otros cuerpos. Como el bebé que intenta encajar una estrella de plástico en un hueco cuadrado.


Me empeñaba, empujaba todo mi ser, quería entrar, quería estar allí donde están todos. Ese lugar de palmadas fofas en la espalda.. Encajar en esa forma ajena. Llegar a un destino inexistente.



Ahora, ya cansado, no gasto energías en satisfacer ese vehemente deseo. Prefiero explorar y ser esa estrella de plástico con todas sus puntas afiladas, con la conciencia despierta de su forma exacta.



Ya no quiero ser nadie. La solución fácil de los trajes talla única casi me aniquila. Ahora me conformo con atender la alerta que se dispara cuando me aproximo a alguna de esas situaciones que me ponen cara de rana. Esas que dejaba pasar en mi carrera hacia el umbral cuadriculado. Me conformo con llevar mi pellejo de baño y zambullirme en todas las ciénagas frescas que he ignorado, con sentir mis ancas despertando y recordar como se nada.



Porque tengo forma de rana que fluye, de cochino en un charco, de pino en la duna. Forma de Tarzán colgando de su liana, de surco sediento y de bosque bien descrito. Porque huir no es una derrota si se llevan las manos llenas de planes alternativos.

No hay comentarios: