21 de octubre de 2013

Corriente

Como un río
que al nacer arrulla
y te arrolla después.

Finales navegables,
desplegados los dolores
nos huimos,
nos despreciamos,
nos olvidamos.

Como nuestro río,
enredados en la pérdida
nunca llegamos a ser.

2 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

Nos arrolla el arroyo, con su arrullo. Enredado quedo, en la red. Ya sé que nunca seré.
ABrazos, siempre

Víctor L. Briones Antón dijo...

Amando, pues llevas mucho camino recorrido, los hay que se empeñan que son algo que no son, en ser simplemente algo. Se olvidan que ser es imposible, que como mucho estamos, estamos o no estamos metidos en nuestro propio pellejo. Un abrazo.