1 de febrero de 2014

Confesión

Obsoleto el error recurrente; la misma piedra,
la misma cara rota contra el mismo suelo.
El cinismo ya no es más que ira disfrazada.

Caducados los muros y sus grafitis;
la jaula, la celda, la habitación no ventilada
y esa lengua que ya no corta ni pincha.

Inservibles las posturas y los paraguas.
Oxidados los pomos y las pomadas.

Los puños cansados, calladas las palabras.
Una confesión insoportable:
nunca estuve aquí,
nunca me viste,
nunca mis pies clavados
en esa tierra tan fértil,
tan mentirosa, tan arrasada.

Los dientes, la furia y la respuesta negada.
Confieso mi ausencia,
el abandono probable de las armas.
Ya no seré de nadie enemigo,
ya no seré más que distancia.

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