3 de abril de 2014

La persistencia de los bichos

Después de casi un año ahí están. Yo que creía que una mosca vivía apenas unos días. Apenas el tiempo justo para ponerse mondria de comer, el tiempo justo para molestar a todas las personas que pueda. Pero no, resulta que me levanto y la encuentro tomando un café en mi salón y leyendo el periódico, y se le ve cómoda, como si no fuera a marcharse nunca. Qué mosca más pesada!

Por las tardes llama a otros habitantes de su reino tan animal. No me importa que venga el saltamontes, pero no soporto a la chicharra o al grillo y la mantis me da miedo con su orgullo extraterrestre y su contoneo de prostituta peligrosa. Se me llena la casa, se me suben por las piernas y llegan hasta los dedos mientras escribo sobre otras cosas. Porque ellos no se enteran que existe una cosa que se llama futuro. Son unos parásitos, eso es, unos puñeteros parásitos.

Pero es que les he cogido cariño, al fin y al cabo me enseñaron a hablar y no quiero ser un desagradecido. Eso sí, le voy a decir al moscón que paguemos a medias el café, que ya se está pasando de listo.

Están tan vivos que Sergio Sancor de Libros y Literatura se los ha encontrado también en el camino y le han dicho cosas al oído y además después, no habiendo tenido suficiente, me ha preguntado sobre ellos y sobre otras cosas así en verso y en diverso.

Os dejo los enlaces a la reseña de Sergio y también a la entrevista que me hizo.


2 comentarios:

Blackmount dijo...

Al despertar una mañana, Gregorio Samsa, tras un sueño intranquilo, encontrose en su madriguera convertido en un enorme, monstruoso humano. Hallabase echado sobre su blanda espalda sin caparazon, y sus dos piernas grotescamente gruesas en comparacion con el grosor ordinario de sus patas ofrecian a sus ojos el espectaculo de una agitacion sin consistencia.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Pobre Gregorio! Y es que los cambios radicales siempre se llevan mal seas bicho o humano.