8 de abril de 2014

Un año muy bien aprovechado. Libros y literatura.

El día 3 de este mes fue el aniversario de un lugar especial: Birlibirloque, una librería de nuevo cuño que abrió con mucha ilusión sus puertas en la calle Amor de Dios de Sevilla. Un año ya y, como otros muchos que dicen lo mismo, tengo la sensación de que lleva al menos una década entre nosotros. Así de importante se ha hecho este espacio (muy lleno por otra parte) en tan poco tiempo.


Muchas son las virtudes que encontraréis en cuanto entréis, en cuanto piséis ese suelo metálico que Hay que tener valor porque queda muy bien pero tiene que coger mucha mugre. Pero dejemos aparcada a Marujeitor y hablemos más en serio. Se nota desde el primer momento que es una librería con personalidad y no sólo porque sea nueva y su decoración diáfana y luminosa la ayude a que pensemos eso. Para empezar no te agreden los habituales superventas y los carteles horteras con las caras de personajes y personajillos que dicen han escrito un libro. Birlibirloque es un sitio al que se va a encontrar historias que aunque pueden vender un montón, siempre son historias que cuentan algo, no chorradas, no meros productos, en Birlibirloque hay Literatura. Una librería que tiene una impresionante variedad en su catálogo en cuanto a títulos y editoriales, con su buena sección de cómics y una pequeña de objetos de regalo relacionados con el mundo de la literatura. También nos ofrece su no tan pequeña sección para los peques (aun me sigue produciendo un placer inmenso escuchar hablar a un niño de libros, con esa ilusión y sin el cinismo adulto; ese placer es algo habitual en Birlibirloque).

Pero para mí, lo que la ha convertido en librería de cabecera es su catálogo de poesía. Y es que a uno le dolía ya el corazón de entrar en cualquier otra librería y después de pasar un rato buscando tener que preguntar, Oye perdona, done tenéis la poesía, Pues mira allí. Y allí era siempre en las catacumbas húmedas, en estanterías construidas con huesos humanos, allí era el rincón más oscuro de la librería donde temblaban arrinconados de cualquier manera los poemarios de editoriales para mí tan reconocibles, esas que uso por su formato para detectar la presencia de ese animal molesto que es la poesía. Los colores de Renacimiento e Hiperión, el cartón de Lumen o el dorado de Tusquets. Esas editoriales siempre ocultas, en Birlibirloque las encuentras de frente, al fondo sí, pero de frente y bien visibles, con su cartelón de “Poesía” orgulloso encima de la estantería, para que todos lo vean. Estanterías vestidas de domingo, en plural: estanterías, varias, en proporción la sección más destacada del local. Imaginad a este pobre lector de poesía y juntador de versos patidifuso al ver ese descaro. Paraíso, ángeles, piernas flojas y sonrisa que me sube desde las tripas. Por fin, me dije por lo bajo y entonces lo supe, supe que volvería y volvería, una y otra vez.

Y por último el factor humano. El más importante. Almoraima y sus cosas. Siempre con esa sonrisa tan bien puesta, corriendo de aquí para allá cuando tiene la librería llena, tan amable, tan dispuesta a recomendar, a atenderte, tan librera. Una razón más y con mucho peso, cuántas más quieres... 

 
sí que ya sabéis, si no estoy en casa o en mis bares habituales y no os cojo el móvil, que será lo más normal, quizás esté allí, recordad, al fondo, bajo el cartel de “Poesía”.

Felicidades a Birlibirloque, muchas felicidades!

Nota: no quiero ser injusto, suele haber un chico también atendiendo, muy correcto también, pero con el que no he coincidido tanto.

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