23 de junio de 2014

Los Sueltos

EL PAPEL DE LOS CHURROS

Ahora que ya voy llegando a tonto me pregunto sobre qué haré cuando llegue a viejo. Atravieso una edad en la que ya va tocando un merecido descanso, tiempo de cosecha de todo lo que el conformismo ha sembrado. Eso es lo que dice la teoría, mi práctica , siempre pelín obtusa, y mi pereza viene a traer evidencias que hablan de otra historia.
Me voy dando cuenta de muchos errores que he cometido y sobre todo de que ese supuesto bagaje que debería poseer no existe. Supongo que soy una gran persona, más sabia y consciente del suelo que piso; pero de piso en la playa nada, de vida acomodad ni mijita, de cartera gorda cero. He confundido churras con merinas, eso lo veo, pero a partir de ahora qué?
Es verdad que más vale tarde que nunca. Pero mi preocupación no son mis acciones ni a quién dejar los viñedos que heredé de mi matrimonio con Ángela Channing; soy rico en amigos como se suele decir. A mí lo que me preocupa, fíjate tú qué tontería, es qué voy a hacer con la cantidad ingente de material manuscrito que a estas alturas de lo que viene a ser un poco menos, espero, de la mitad de mi vida, se acumula en las estanterías.
La primera opción sería legarlo pero a quién, a mis gatos, para qué, para que lo arañen y lo destrocen. Pues mira, sería una forma de llegar a la destrucción que creo ese material se merece porque tiene demasiado pasado y demasiadas ideas recurrentes, también está repleto de mentiras piadosas y asesinas y de verdades a las que podría atribuirles los mismos epítetos. Sí, la destrucción es la opción más seductora y menos comprometedora. El cómo, podría ser mi último acto creativo, por eso quiero pensarlo bien, ir un paso más allá de la socorrida chimenea mientras lloro sobre mis papeles antes de arrojarlos al fuego.
He estado pensando y lo que más me convence es montar una churrería y liar los calentitos con mis escritos. El calor reavivaría la tinta que pasaría a los churros y la gente se comería mis ideas, mis dudas, mis rezongos, mis versos torpes y algunos de los momentos más bochornosos de mi existencia. Me denunciarán porque se pondrán enfermos. Sanidad dirá que ha sido a causa de la ingestión de tinta pero habrá sido mi vida, que se repite mucho.
Ya en la cárcel podré dejarme morir libre de queridos diarios y montañas de libretas con ideas abortadas. Espero poder resistirme a la tentación de soltar la parrafada en el rollo de papel higiénico. Aunque en ese soporte la eliminación es mucho más sencilla. 
Qué problemón tengo Angelita! Tú hubieras sabido qué hacer! Me habrías insultado mientras bebías tu copita de tintorro y después habríamos esnifado tu laca. 

3 comentarios:

de Avalon dijo...

no lo quemes, no hace falta!!! se guarda todo en una caja, se cierra con celo de ese ancho i marrón, i un día escribirás algo y pensarás: esto me suena. Si por un casual esa caja se abriera sola, quizás encontraras de pronto a qué te sonaba eso último escrito,y seguro que lo último ya tendría menos palabras, el decantado ya habría hecho su función... da igual, pero ante ese pensamiento sólo podemos mejorar!!! Toma ya!!!

Víctor L. Briones Antón dijo...

de Avalon, a coger polvo se ha dicho!

de Avalon dijo...

a coger o a echar? :P