27 de agosto de 2014

Otro

Qué sería de mí sin este espacio para la imaginación. Qué seré cuando me meta a fondo a ordenar ese cuarto, cuando lo limpie y lo blanquee, cuando lo vacíe de dolor y queja. Qué seré cuanto termine de escribir esto o aquello.



Soy despacio mientras la mecánica empieza a parecerse a mis fotografías infantiles o a los recuerdos que van asociados a ellas; a esos huesos apurados de una buena comilona o al momento exacto en que el sueño acude. Escribir ese lugar, ese espacio, y hacerlo justo a mi medida. No aceptar agentes inmobiliarios que me inmovilicen.



Qué soy mientras desaparezco y todo transcurre. Debo de estar presente mientras todo cambia, pero no logro percibirme. Qué soy mientras llega el momento enfático del punto y aparte final, ese hasta aquí hemos llegado a pesar de que sé que hay promesas circulando bajo la marejada de mármol donde pesco bombillas aun por fundir y fundar.



Regreso y comienzo a recoger mis tripas esparcidas sobre la novedad. Hay mucho espacio aún tierno. Siempre sucede que cuando escribo un cuarto no me reconozco en él y sólo me falta poner un minotauro durmiendo en un jergón bajo el hueco minúsculo de una ventana con barrotes.



Qué seré tras el pegamento y la prisa, tras la necesidad acuciante de volver a la realidad que es como un cuarto sucio escrito por un demente. Otro, seré otro. Siempre mudo un dedo meñique, un colmillo o amanezco con los pelos de las orejas de otro color, cuando termino la obra. Y está bien, me gusta ser otro más predispuesto a convencer a los espacios vacíos de cual es la aspiración que mejor colorearía sus paredes.

2 comentarios:

Blackmount dijo...

Adelantar ese tipo de limpiezas de los cuartos sellados y llenos de trastos es una empresa harto dificil y descorazonadora pero igualmente muy necesaria. lo unico es que tengas cuidado con Gregor Samsa no lo vayas a pisar

Víctor L. Briones Antón dijo...

Lo tendré, pero un bicho tan bien alimentado se ve de lejos... puede que el, si le enfado quiera pisarme a mí, Blackmount