6 de agosto de 2014

Uno menos en la pila de libros pendientes


Librerías

Jorge Carrión

Anagrama, colección Argumentos 344p.



Yo, que siempre quise vivir en el Tánger de los Bowles, me encuentro en este libro con una crónica de ese lugar y tiempo idealizado y claro, me quedo fascinado. Como un niño con ese juguete en el que dentro de una especie de pecera diminuta había que introducir, a base de soplidos insuflados mediante un botón de goma blanda, bolas de colores en orificios y soportes de plástico transparente. Esa fascinación, cada niño habrá tenido un juguete que le haya provocado estas sensaciones, es la que he encontrado en esta obra. Leer como se juega. No siempre se encuentra ese patio tan divertido en el que revolcarse.



Por el tema y su tratamiento. Por los conocimientos expuestos con delicadeza y cuidado, muchos y muy variados pero que se presentan con sencillez, sin afán enciclopédico. Una obra cercana, sobre cosas mundanas que son antesala de otras muy humanas, esas otras cosas del alma y la razón que habitan en los libros y, en consecuencia, en las librerías. Por eso hay que leer Librerías.



Ya cuando escuché al autor hablar sobre su obra en mi librería de cabecera, Birlibirloque (aquí enlazar). Se mostró cercano y muy comunicativo, divertido y demostrando una fluidez que yo interpreté como fruto del entusiasmo por lo que había parido, por el tema y el resultado. Carrión nos lleva, de la anécdota al conocimiento, de la mano (de la circunvolución debería decir mejor) a pasear por todos esos espacios que cambian de forma y lugar, por todos esos puntos fugaces de nuestra memoria y realidad, las librerías que fueron y las que serán. Con nosotros dentro desde los primeros párrafos de la obra, lo que es novedad en este día a día de circunvalaciones y rodeos, de estar siempre cerca de las cosas pero jamás penetrarlas.



Ya están tardando...

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