6 de diciembre de 2014

Petardos, tormentas y una perra asustadiza

El discurso de la realidad es un temporal impredecible y me parece que los meteorólogos tienen los sesos un poco apulgarados como para dar asilo a un método que, de una vez por todas, arranque algo de lucidez y humanidad a tanta ola impredecible.

No hay que tener miedo a las tempestades ni a los rayos, tampoco al futuro. Tantos años de evolución finiquitados en esta calle sin salida; en los dos minutos, tirando por lo alto, que dedicamos cada mañana a a autoconciencia mientras nos aseamos o cagamos para salir guapos, vacíos y resignados a que nos tortee la ventolera. Tantos años mejorando la especie no pueden desembocar en una conducta tan parecida a la de La Jara, la pastor alemán de mis tíos, que se escondía bajo la cama cuando los niños tiraban petardos en la calle. Pero como era un animal enorme no cabía bien ahí abajo y parecía que iba a sacar el somier en procesión. Colchón, almohada y sábanas terminaban desparramados por el suelo; era un patético espectáculo ver como se mecía el armazón de la cama al son de las explosiones. «Nuestra señora del tapifle», bromeaba mi tío y todos estallábamos en carcajadas.

Absurda historia, lo sé. Pero me da en la nariz que se nos está poniendo a todos una cara de pastor alemán que no se puede aguantar. Parece que esta tormenta está furiosa y no tiene pinta de amainar y que los petardos no van a callar de momento.

La única diferencia que veo entre nosotros y la pobre Jara es que las risas que tú escuchas no son de la gente que te quiere. No son risas indulgentes que después derivan en muestras de afecto, me parece que no. Pero risas se escuchan, eso seguro.

En este hoy donde los meteorólogos son cuentistas baratos que escriben sus historias con veneno, condescendencia y escasísima humanidad; no podemos permitirnos ser costaleros de los mullidas lechos de estos juglares del embuste.

¡Qué la tormenta no nos vea temblar! Es más falsa que un pollo de goma: agua que moja pero no cala. Me ha costado una vida darme cuenta de esto pero ya noto como mis huesos se han secado y vuelven a mantenerme de pie. Ya floto y elijo la ola que intentará ahogarme. También me río más.

Si ellos inventan, tú ve un paso más allá y crea. Sus invenciones son tecnología de humo, tus creaciones te acompañarán siempre.

¡Putos petardos!

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Notas:

1. Los meteorólogos son buena gente, tengo muchos amigos meteorólogos.
2. Sí, soy de esa ciudad: ¡la der colo especial, my weapon! Siempre que pienso u opino hay al menos una procesión implicada