18 de febrero de 2015

P-30

Salida 2. Para qué sirve la poesía.










Estudié psicología. Aunque no he puesto mucho en práctica esta formación, se me nota eso del defecto profesional. La gente me gusta y me repele a partes iguales. Pero hay algo que sí me caracteriza: la curiosidad por los pensamientos y sentimientos ajenos. Supongo que el ser humano es ese animal social que nos explican a lo largo de nuestras distintas experiencias académicas, ese animal de rebaño del que formamos parte durante el tiempo que nos toca pasar aquí. Tendemos a juntarnos, a buscarnos y a compartir. Sí, a compartir, lo creo con firmeza. A pesar de que topamos en nuestro día a día con un mensaje contradictorio, un doble vínculo (veis como tengo ramalazos de psicólogo), que nos dice que debemos querer y entender al prójimo pero, al mismo tiempo, desempeñarnos como crueles competidores insensibles al mal que aqueja al igual y que se convierte por consiguiente en una ventaja para nosotros; a pesar de esa confusa manera de crecer y desarrollarnos, nuestra educación psicópata no puede tapar completamente esa tendencia a la curiosidad por el otro. Esa certeza de que no somos muy distintos una vez quitamos lo accesorio.

En mi caso ese querer saber cómo saben los melones de la huerta del vecino se traduce en qué expresiones artísticas le gustan, qué saben hacer sus manos, qué cosas nuevas es capaz de traer a mi realidad y a la generalidad. Me siento atraído por las personas que gustan de la belleza y que, por sus acciones o palabras, parecen partidarios de un desarrollo del individuo en el que la creación es un aspecto crucial.

Esas ovejas raras, a menudo con ojeras y achaques, esas ovejas que beben de más y toman pastillas de la risa o de la calma. Esas cabras locas que no tienen monte a donde ir. Esas personas que son un poco como yo y que no aspiran a comprar el aire que respiran sino que saben que el aire está ahí y no tienen más que encontrarlo y tomarlo.

He buscado desde que era niño a esos seres. Especialmente a los apasionados de la literatura en general y de la poesía en concreto. Poesía como lugar común, como paisaje extrañísimo pero de clima benévolo. Poesía como un pelador que deja al descubierto la carne compartida de la humanidad.

Una vez sentados frente a frente, con algo de beber por delante, ya solo queda dejarse llevar y conocerse. Analizarse sin intrusismo. La poesía como una técnica diagnóstica proyectiva pero que no se corrige o de la que no importa el resultado, sino que lo que cuenta e interesa es el simple acto comunicativo: ¿Qué poeta te gusta? ¿Qué poema te gusta? ¿Cuáles son tus versos predilectos? Esperar y, a partir de las respuestas, sacar una conclusión liviana, fácil de modificar. Sonreír y entregarse, sincerarse; dejar que la poesía nos lleve donde ella quiera, encontrar juntos ese aire dulce y fragante que nos limpia y nos trae la seguridad de que vivir merece la pena.

La poesía como lugar de encuentro. Un espacio para compartir y acercar mundos desde otra perspectiva distinta a la que se da en lo cotidiano. Los poemas que nos recomendamos, los libros que nos regalamos, los lugares bellos que queremos hacer ver a las personas que amamos.

Mis amigos son los poetas que me han recomendado o a los que me recuerdan. Tomás es Cernuda, un magnolio fragante y fuerte; Nati es Margarit y la Szymborska; Fermín es Pepe Hierro, José es Juan de la Cruz, Ricardo es Antonio Machado, Ismael es el primer poeta extraterrestre, Elena es Gimferrer, Guille es Iribarren...

Mis amigos los poetas siempre dispuestos a dejarse conocer siempre dispuestos a hablar, aun sin saberlo, de su poesía.

Les dejo con unos versos sobre el uso de la poesía. Hasta pronto.


LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL

Solía repetir con menosprecio:
la poesía para nada sirve.
Me quiso preparar para un infierno
donde, al bajar la guardia se arriesga uno a perder,
donde solo el dinero protege de este frío
de la edad. Pero, en cambio, no sabía
que es por ese motivo que la necesitamos,
que es preciso rastrear la poesía
por hospitales y juzgados: luego
ya hablará de la amada.
Hay poesía incluso en gente
que, al igual que mi padre, odió la vida.
Y tenía razón en su argumento:
de nada sirve, aquella que él leía.

Joan Margarit. Aguafuertes

6 comentarios:

Blackmount dijo...

Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, Víctor, cuando se va la pinza,
¿sabes tú adónde va?

Víctor L. Briones Antón dijo...

Blackmount, no tengo ni repajolera idea... ya digo al principio de la entrada que la psicología la dejé antes de que ella me dejara a mí. Has mirado debajo de los sillones y en la basura o en el frigorífico al lado de la cartera y los calzoncillos sucios?

Un beso...

Jen dijo...

La poesía no sirve para nada, porque no es necesario que sirva para nada. Como el arte en general. Aunque luego cada uno le puede encontrar su utilidad, o su inutilidad, según se mire. No está escrito en ninguna parte que tengamos que emplear el tiempo en cosas útiles. A mí me gusta la poesía, como el arte en general (sobre el que podrías hacer la misma pregunta) porque me llenan el alma, y a la vista está que soy glotona.
Me parece muy interesante cuando la poesía se radicaliza, se politiza, se convierte en propaganda, de ideas o para vender un detergente, pero el concepto embrionario, ¿tiene algún servicio en concreto? Eso sí, como son necesarias las personas útiles que salvan vidas, que construyen, que limpian hospitales, que te hacen cortados de máquina de bar, también son necesarias las que no sirven para nada. Y entre éstas, mis favoritas son las que escriben, pintan, dibujan, tocan instrumentos, ruedan películas, montas exposiciones... Me vuelven locas.

Uff qué de chapas te voy a meter en la P-30. Tú mismo.

¡Mua!

Víctor L. Briones Antón dijo...

De chapa nada de nada que lo has dejado muy clarito...

No es que yo sea especialmente fanático de lo utilitario más allá de lo razonable y de lo necesario, como tu dices, para que la bola loca esta siga girando. Pero tú has mencionado algo con lo que estoy muy de acuerdo: la poesía alimenta al alma, lo que para mí es sinónimo de recordarnos que no somos meros cachos de carne que pasan por el mundo para acumular mierda y trastos. Eso ya es muy útil para la supervivencia de lo humano y de lo bello. También de lo auténtico, lo verdadero.

Pues muchas gracias a usted por pasar por estos carriles míos que dan tantas vueltas. Reciba un Berso y un hasta pronto.

Moisés dijo...

Los utilitarismos me espantan. ¿Para qué sirve estudiar latín, que es una lengua muerta? ¿Para qué sirve leer poesía? No es que crea que la poesía no tenga una función, sirve y para mucho. El arte nunca se realizó por amor al arte. Si quitamos lo primero que se nos puede ocurrir, que sirve para adornar el mundo, para embellecer la fealdad que nos rodea, aún nos quedaríamos cortos. Sin ser el único camino, en mi opinión la poesía nos hace mejores personas. Y no es que crea que los poetas sean las mejores personas del mundo (hay mucho gilipollas que se cree poeta y que va sacando su basura), pero el que verdaderamente ama la poesía no puede ser insensible hacia la injusticia, no puede quedarse de manos cruzadas antes el canibalismo humano. El que se deja atrapar por la sonoridad de Ruben Darío o por la honestidad de Machado siempre estará en mi equipo.

Un fuerte abrazo, poeta.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Moisés,el utilitarismo hoy es la perversión de la función de las cosas, ya que solo es útil lo que genera un beneficio económico y no necesariamente a nivel individual. Total, un peligro muy gordo.

Estoy contigo en que la poesía mejora a las personas y les hace más conscientes y capaces de enfrentarse a tanto embuste con corbata.

Un berso amigo.