4 de marzo de 2015

El mal partido

Me huelen los pies y el aliento
cuando ando mucho o lo hago lento.
Nunca corro ni grito
a pesar de los tasajos que me cuelgan.
Mi carne es recia y reacia,
con buqué residual a amoniaco.
Tengo agujereada la memoria,
recuerdo ofensas y perdono lo justo, casi nada.
Exagero mis hazañas inexistentes,
cuando no miran me cuento más de veinte,
bebo todo lo que puedo que siempre es poco.
Pido y exijo mucho, presto apenas y devuelvo menos.
No soy un buen partido, pero si un excelente roto;
un ejemplar descosido, todo costras y retales.
Tengo poluciones nocturnas, diurnas y en la merienda.
El culo me huele a culo,
como huelen las rosas recién abonadas.
Intento ser muy mal hablado
y se me ha quedado actitud de limón ciclotímico.
Se me da muy bien huir insultando.
Soy pelín machista y manchista:
la mugre que flota en los naufragios.
Todas mis camisas son son de arruga perenne,
por supuesto ronco hasta rasgarme
y no aguanto bien bromas ni existencias ajenas.
Si me pinchan sangro y después golpeo.
Suelo estar distraído, soy el peor partido,
pero en remiendos soy un experto.