27 de mayo de 2015

Creencia


Unos creen en Dios, otros en dios o lo que es lo mismo: en sí mismos funcionando a pleno rendimiento indiferente.

Otros creen en los libros, en un futbolista o en la poesía. En un político sin ideas o en unas ideas sin político.

Algunos creen que no deben preocuparse y a otros no les deja su preocupación creer.

Sin embargo, nadie acepta la impotencia de sus creencias; el que, tarde o temprano, su fe les llevará a un callejón sin salida y se demostrará inútil para alguna situación crucial. No quieren creer que su doctrina acabará por fallarles como un aparato muy vivido o que ya ha perdido su función.

Yo creo que me moriré sin saber mucho más de lo que nunca supe, habiendo estallado un par de veces o tres (al menos una de felicidad, espero) y que a los pocos minutos la gente seguirá yendo a los bares a olvidar; que es la mejor forma de creer en algo. Y será como si nunca hubiera estado vivo.