16 de mayo de 2015

Hoy, contra los ingenieros

Recuerda: entre lo que no está en venta hallarás lo necesario y esencial. Es en esos objetos y lugares sin etiqueta de precio o prejuicio donde hay que esforzarse por ser el primero de nuestra promoción.

Puedes ser igual de buen ingeniero teniendo eso que llaman humanidad, conociendo cómo funciona el mundo que llenas de supuestas mejoras. No debes emplear tu tiempo en pulirte el sueldo, en derrochar en distracciones eso por lo que tanto has trabajado. Tu pecho, como el de casi todo el mundo, es un pasillo con perniciosas corrientes que te hielan la capacidad de sentir; ¿quién dejó la ventana abierta? Tendrías que estar ya buscándola, preparándote para arrojar por ella todo ese montón de cachivaches que te lastran. Querer asomarte y disfrutar contemplando la realidad.

Tú que sabes la fórmula para asociar la tecnología al olvido, que sabes como se está trabajando en ella para que la amnesia y los ojos apuntando a lo tangencial alcancen proporciones épicas... hasta que nos olvidemos de nosotros mismos. Tú que lo sabes, no caerás en esa trampa concurrida como una ronda de circunvalación en hora punta; esa que ha ido erosionando la opinión que nos merece la conciencia. Esa que ha hecho que enamorarse sea la nueva aventura: Orinoco para arriba, Orinoco para abajo, en busca de El Dorado. Esa que ha convertido nuestra capacidad de ver el mundo con objetividad en un animal criptozoológico.

Sí, en nuestra «aseadita» sociedad democrática, es más fácil encontrar al Yeti en la pelu haciéndose la permanente que atreverse a un acto desinteresado. Por eso, no pises el cepo de «tengo que emplear mis horas en entretenerme». No escindas el mundo en trabajo-ocio. Tú eres el mismo siempre: cuando trabajas, cuando descansas en casa, cuando investigas sobre algo que te interesa... Uno, el mismo en todas las situaciones. Ya está bien de disociaciones adaptativas. Porque no es cuestión de saber estar en cada lugar, es cuestión de que hasta yo, que soy más bien tonto, veo un filón en esto de clonar personas y mandar a cada uno, con su personalidad ad hoc, a un ámbito vital. No podemos desarrollar más que una personalidad y es bueno que se nos note.

Tú que, como yo y como todos, has aprendido (y qué le vas a hacer) a pagar antes que a pensar; a esforzarte solo por lo material e inmediato; a conformarte con un par de piezas del puzle; a verle la gracia a los agujeros del gruyer, y a idolatrar todo lo que se enchufa; asómate a esa ventana, contempla y huele la realidad. Nota como el aire se va templando y ya no tienes tanto frío en los pasillos del pecho. Como el seso se despereza. Adiestra tus ojos para ver esa forma disciplinada que tienen de moverse las hormigas ahí abajo. Cuando esos bichos despierten tu simpatía, será hora de bajar, de caminar con ellos, de probar esa otra disciplina que hay que tener para sumergirse en lo desconocido. Como el buzo que baja muy profundo y después tiene que ascender poco a poco para acostumbrar el cuerpo a la presión del entorno habitual. Es complicado mirar igual las cosas cuando se ha estado en el fondo de la fosa de las Marianas.

Eres igual que yo y no me cansaré hasta que dejes esta retahíla reaccionaria de la cultura del esfuerzo. ¡Cómo no vas a defenderla si eres uno de sus afortunados elegidos! Yo también he sido un privilegiado, también he querido ser recipiente vacío, y por eso me atrevo con cautela a decirte que, antes de que el esfuerzo nos ponga a todos en nuestro sitio, tendremos que asegurarnos de que la línea de partida es la misma para todos los corredores. Construyamos y vivamos en una cultura de la justicia y dejemos que cada uno se esfuerce lo que quiera sabiendo que para que tú o yo podamos tapar el agujero del queso nadie tendrá que convertirse en agujero.

Tú eres la prueba de que el hombre no es egoísta por naturaleza; tú que creas, con toda la potencia de la ciencia aplicada al buen vivir, lugares más bellos y más humanos. Tú, como cualquier hombre, eres capaz de pagar por metérsela a una bomba nuclear o de utilizar tu deseo para aniquilar el egoísmo. Te aseguro que estarás también cómodo y seguirás sintiéndote bien. Vivirás a gusto porque te mereces una buena vida. Nadie niega tu capacidad, solo tus elecciones. Como hoy, perseguirás la felicidad, pero también sabrás hallarla sin tirar de tarjeta. Habrás aprendido sobre la necesidad de no dejar que otros manejen tus ojos y no tendrás miedo a amar porque ya no verás el amor como un perdida de algo que te define. Como una rendición de tu fortaleza.

Te mirarás, ingeniero, allí abajo entre las disciplinadas hormigas y estarás orgulloso de haberles puesto más fácil las cosas. Estarás orgulloso de tu ingenio y no querrás estar en Babia a todas horas. Seguirás persiguiéndote, queriendo ser la mejor versión de ti mismo sin que te den un duro por hacerlo. Seremos muy parecidos, aunque yo solo sepa juntar letras e imaginar un mundo y tú seas capaz de traernos la mecánica necesaria para hacerlo real.

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