27 de junio de 2015

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Salida 6. Los buenos alimentos 

Queremos recorrer las ciudades sin esfuerzo. Llegar de la periferia al centro en el menor tiempo posible y poder volver después a cualquier hora, también rápido, sin que nos cueste una gota de sudor.

Le pedimos a nuestro ocio que venga a nuestras casas o que esté a tiro de piedra. Que sea entretenimiento con un ligero toque de especias, con una aparente intención de profundidad, que se le vea el fondo lo justo; porque pensar y sentir no está entre nuestras prioridades. El ocio ha de ser narcótico o no ser.

Le pedimos a las ideas que sirvan para algo, que sean nuestras siervas y que no pesen mucho, que no haya que estar pendiente de sus derivaciones. Las ideas no tienen que tener tentáculos como los pulpos sino estar ya fileteadas, con la piel retirada y ultracongeladas. Listas para poner al horno y comer en cinco minutos.

En general nos hemos olvidado de construir para convertirnos en expertos en consumir. Así los ladrillos y la materia prima para los buenos guisos han dejado de ser importantes y por tanto de ser atendidos, ya no son necesarios.

Esta comodidad no puede extenderse a nuestro esfuerzo creativo. El utilitarismo impaciente es enemigo del trabajo razonado, sazonado y asentado. Hagamos lo que hagamos, tenemos que fertilizar nuestra mente, picar de aquí y de allá, de otras artes y de otras voces. Almacenar alimentos en esa habitación oscura y fresca para que asienten y, cuando estén a punto para ser echados al burbujeante caldero, poder tomarlos con seguridad, de forma natural; incluirlos casi sin darnos cuenta en nuestra versión personal del plato que se lleva cocinando siglos   

“Algo muy lógico lo que propongo, ¿verdad? Pero vengo notando que ese apetito demasiadas veces se sacia de forma rápida y parcial. Se toma lo inmediato y no se profundiza. Mi madre, de niño, me decía que los dientes no están para morder sino para masticar. Así que elige bien lo que vas a llevarte a la boca, tritúralo despacio, con deleite, y no lo tragues hasta haber apurado su sabor. Tu estómago y tu poesía te lo agradecerán”. 

Sobre esta despensa creativa reflexiono en el blog de la Escuela de Formación de Escritores. Más concretamente sobre mi alacena poética. Podéis leer la entrada mencionada en este enlace: http://escueladeformaciondeescritores.es/estar-siempre-hambriento/




2 comentarios:

Moisés dijo...

Me gusta la reflexión sobre los ingredientes y los platos ya realizados. Como en cocina, es necesaria buena materia prima y aun así esto no es garantía de que el plato salga sabroso y apetecible. Luego están los platos tan bien presentados que después son un chasco porque no saben a nada. Tenemos los ingredientes de toda la vida y los exóticos, que a los comensales les cuesta comer, por no estar acostumbrados. Tenemos la alta cocina y la de diario, incluso aquella hecha con sobras. En conclusión, hay un mundo entero de sabores. Estoy contigo en que nos hemos acostumbrado a lo fácil, a lo precocinado y que no nos atrevemos a construir por nosotros mismos. Vivimos en la era del fast food y de los realities de cocina, y eso a la larga se paga en el sentido del gusto.

Un abrazo.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Moisés como siempre, es un "gusto" recibir sus comentarios. Es muy preocupante la falsa variedad que se nos inculca y que no es más que elegir opciones en apariencia "tropicales" pero que en realidad no implican la más mínima indagación o esfuerzo.

Como tú bien dices la comida precocinada lo invade todo, también la literatura y la poesía.