8 de julio de 2015

Mayoría, nostalgia y fascinación. Eligiendo paraíso


Unos muchos vivimos escondiéndonos, haciéndoles el juego a muchos pocos de sonrisa profiláctica, palabras paternalistas y cara oculta muy afilada.

Le vemos el cartón piedra al decorado sureño de sus idealizados paisajes, de sus retiros de fin de semana, de su vida a todo tren sin vagones de clase turista.


Unos, nosotros, la mayoría, vivimos soñando con una prosperidad basada en la avaricia, un valle fértil que no existe y que nos empeñamos en buscar. Algunos, los avispados que muerden, mientras que nos aferramos a nuestro sueño impuesto, han construido su paraíso nostálgico y lo han idealizado. Lo han levantado sobre nuestras espaldas, sobre nuestro trabajo, sobre nuestra demostrada capacidad de tragar con todo.


«Puede ser también vuestro edén», parecen decirnos. Pero los que han estado al otro lado del decorado, como en las historias moralizantes con bosque caníbal, nunca han vuelto. En su lugar regresaron otros que se les parecían, envueltos en su misma piel, y con un discurso almibarado resbalando de sus labios. Fascinados y vacíos, adoctrinados y comprados siempre por menos de lo que vale la decencia y la integridad. En apariencia felices.

 
El paraíso debe ser un lugar sin peajes, sin entradas. Por eso quiero darle la vuelta a las palabras de Calvino sobre el infierno y acercar así el paraíso, volverse parte de él; pero también buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del paraíso, no es paraíso y hacer que se extinga, tomar distancia, abandonarlo lejos de nuestras oportunidades.

 
Queridos sureños, es tiempo de soñar nuestras propias islas y, sin aplazarlo demasiado, empezar a construirlas. 

4 comentarios:

Blackmount dijo...

al parecer no es verdad que el infierno son los otros: el infierno son los mismos

Víctor L. Briones Antón dijo...

¡El infierno son tantas cosas!

Casi siempre tiene que ver con actitudes egoístas prolongadas. Menos mal que dios nuestro señor de los anillos y la virgen del culo luminoso nos dio las patitas para salir por idem.

Un abrazo y está bien volver a verte por aquí Blackmount

Sro dijo...

Muy bueno!
Ahora aclárame de qué Calvino hablas
El paranoico Ginebrino o el escritor de los poéticos títulos?
Ahora que lo mencionas es verdad que el Infierno sí tiene puertas
Está construido como un parque temático
Te llevan hasta allí a través de un río en un transbordador que hay que pagar… Lo cual hace pensar que se trate de la misma tierra
Y el cielo: diáfano, celestial, abierto, vamos como una autopista
Nuevecita y sin peajes… por la que nadie circula!?

Un infernal abrazo, entonces

Víctor L. Briones Antón dijo...

Sro hablo del Calvino de Las ciudades invisibles; el de los títulos cantarines y los contenidos incitadores, poéticos y colmados de filosofía cercana. En el título citado encontré esta cita:

"El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje cotidianos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno y hacer que dure, y dejarle espacio".

Que anda por ahí abajo en el blog. En la que está basada esta reflexión. Un abrazo.