18 de julio de 2015

Uno menos en la pila...


Noticias de la noche
Petros Márkaris
Traducida por Ersi Marina Samará Spiliotopulu
Tusquets Editores, 327p.

Cuando me presentaron a Kostas Jaritos pensé que era un gilipollas integral sin corteza, pero me ha demostrado que esa primera impresión no era fiable y que puedo contar con él como referente en mis próximas lecturas de novela negra.

Siempre se llega tarde a los buenos libros, pero se llega. En este caso la demora se da por bien empleada porque a las pocas páginas ya me estaba acercando a la farmacia para comprarle unos antiácidos a Jaritos, su manía de comer poco y mal me advirtió de que los iba a necesitar. Con esto quiero decir, que con pocas páginas leídas, la conexión con este personaje ya era total. Creo que he hecho un amigo para siempre. Uno de esos tipos típicos de novela policíaca, con mucho gancho y encanto personal una vez abierto el envoltorio de papel de estraza.

Noticias de la noche que inaugura la saga de libros que Márkaris ha dedicado a su personaje más famoso tiene mucho de presentación, de explicación del entorno y la personalidad de alguien que va a ir desarrollándose en un futuro.

No sé lo que voy a encontrar en el resto de la serie, pero en este primer libro me he dado un baño de realismo viscoso y empantanado similar al que solemos negar en nuestro día a día. La dosis de corrupción congénita del sistema ha sido como una bofetada y todo mostrado a través de las maneras y los ojos de un tío de lo más sencillo, de un protagonista que solo quiere que vaya todo como es debido, que impere la calma; pero al que su afilada suspicacia y su “culo pelao” no le dejan mirar para otro lado ante la podredumbre que le rodea. Un tipo familiar, en apariencia más simple que unos botines con cierre de velcro, soso si lo viéramos solo en su atascada vida familiar; pero que se convierte en un perro de presa cuando está en su salsa. Jaritos no es perfecto, no sé si sus virtudes compensan su machismo, su carácter poco paciente y mal encarado, sus descuidos afectivos y su sarcasmo a flor de piel… Pero es un hombre noble, amante de la justicia real, no la de las leyes rígidas y parciales, agudo y dispuesto siempre a cavar un poco más hondo en los bajos fondos atenienses, a navegar con soltura en un mar de mierda siempre con el riesgo de ponerse perdido.

Jaritos se mueve en una realidad en la que prima el amiguismo y la incompetencia, las influencias y el poder a golpe de talonario. Un sistema burocratizado y poco claro, corrompido y cruel. Donde lo complicado es no quedar atrapado en alguna conspiración; donde para permanecer limpio hay que ser discreto, saber esconderse y esperar la oportunidad. Un mundo de perdedores donde lo más que se puede hacer es sobrevivir, con esfuerzo e inteligencia, sin que los chanchullos que están a la orden del día acaben por salpicarte.

Me ha gustado mucho lo bien que se refleja en el libro el proceso de investigación, la sucesión de hipótesis, la presentación de pruebas, los interrogatorios, la dinámica de la comisaría y el choque de personalidades y roles que en ella se produce. La confusión se va desenmarañando poco a poco, en pequeñas dosis que nos mantienen pegados a la narración. No tampoco falta la típica sorpresa final que no por esperada nos impacta menos.

Está muy lograda la crítica al mundo del periodismo televisivo. Al sensacionalismo que se come la información y la veracidad de las noticias. Un periodismo en el que no importa lo que se dice sino decirlo a toda costa e impregnado de morbo; si además se pisotea la exclusiva a la competencia mejor. Para mí, estos periodistas desalmados son los malos de la novela, moralmente al menos son seres deleznables.

Por último, quería destacar el personaje de Zisis, confidente inesperado, que ojalá esté presente en posteriores entregas de esta serie que pienso apurar hasta la última incógnita, hasta el último suvlaki que comeré con las manos para pringármelas y chuparme después los dedos satisfecho.