19 de septiembre de 2015

Puntales




La inmovilidad de la víctima elevada a los altares de la habilidad social. Varias presas sobreviven a otra jornada de ignorancia y se reúnen en el bar a última hora del día para insultar a los desaparecidos. No perdonan su atrevimiento, que hayan asomado su miedo y su impaciencia; los condenan por haber abandonado el papel asignado. Se han dejado ver y eso los convierte en merecedores de su desgracia.

Cuando la euforia del alcohol se instala en las lenguas dispuestas a la ejecución, la conversación vira y se dirige hacia asuntos menos comprometedores. Todos presumen de sus artificios para surcar la superficialidad. Se instalan en un ocio neutro e inane que los calma porque no implica circundar como alimañas las desgracias de sus semejantes. Vivir es eso, criticar al que lo intenta, reforzar la pertenencia a la estupidez y apuntalar el falso techo de la propia habitación sin vistas.

3 comentarios:

Moisés dijo...

Vaya, te ha cogido un día un tanto pesimista. Existe puntales que soportan nuestros falsos techos, estoy de acuerdo, pero por encima de todo eso tenemos toda la cúpula celeste, con sus soles y lunas, con sus nubes, con la luz de la mañana.

Un abrazo.

Blackmount dijo...

¡No mires, no escuches, no hables!
¡Ssshhh...!

Víctor L. Briones Antón dijo...

Moisés, digamos que es un texto parcial. Y lo es porque solo atiende, como tú dices a parte de nuestra realidad, a la parte más inmediata, a la más oscura. Es parcial porque fija la visión en un ámbito muy definido, obviando como tu comentas otros campos más abiertos, más verdes y, me da en la nariz, menos relacionados con la condición humana. Aun así sigo creyendo que hay bondad y belleza en el hombre, pero nos hemos dado una cultura y una sociedad que suele ir en contra de mostrarlas... Un abrazo.

Blackmount, Silencio, contemplemos como el mundo se hunde, muta ante nuestras narices para convertirse en una picadora de almas.