19 de octubre de 2015

Uno menos en la pila...

Después de mi opinión sobre Coburn, os dejo con la segunda reseña de las obras nominadas al premio que convoca la web Libros Prohibidos, el "Guillermo de Baskerville". Pinchad para ver el resto de finalistas.

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El mar llegaba hasta aquí
Álex Pler
Autopublicado, 271 p.

De una novela que toma su título de un haiku cabe esperar belleza, filosofía, capacidad de evocación y una puerta (o muchas) abriéndose hacia lugares desconocidos.

Dijo: «Antaño, el mar
llegaba hasta aquí»,
y puso más leña en el fuego.

Pues bien, esta obra lo logra solo a veces. Hay encanto en algunas descripciones y metáforas que, sin embargo, se afean con pasajes demasiado planos; hay filosofía y puertas que incitan, sobre todo en el tramo final de la narración, y hay evocación, misterio, un «algo» que está por pasar y que no termina de suceder del todo.

Un «Por ahí vas bien» que no termina de materializarse, esa es la sensación que me ha dejado la obra de Alex Pler. Por momentos decae el interés y al instante siguiente vuelve a despertarse. Irregular y desconcertante, lo que ya es algo, pero mejorable.

Estamos ante una novela de búsqueda y el objeto de la búsqueda, casi obsesivo, es el amor de pareja. Leo, el protagonista y narrador abandona una relación ya podrida después de siete años, encuentra al que será un buen amigo, Adán —motor y bisagra de la trama— y su siguiente obsesión de amor romántico no correspondido. La necesidad compulsiva del protagonista por emparejarse, nos lleva a una pormenorizada enumeración de momentos y situaciones, de sentimientos y pensamientos, encaminados a levantar una historia en común. Entre tanta carencia de cariño asoman personajes secundarios, amigos de Leo (sus historias centradas también en sus relaciones de pareja; amor, amor y más amor). En este escenario de hombres que entran y salen de la vida de Leo, de sexo a veces subido de tono y de masoquismo sentimental hay un elemento de fantasía: un mundo en el que no deja de llover, en el que los peces ocupan el lugar de los coches en las avenidas y en el que cohetes do it yourself despegan hacia el espacio sin que sepamos muy bien por qué. Este doble plano se mantiene a lo largo de toda la novela, aunque tiene más peso la narración de la vida del protagonista que los elementos fantásticos que solo cuando la historia se acaba toman el primer plano. Sí, es una novela de amor en un decorado difuso con sabor a ciencia ficción que a mí me recordó a algunos pasajes de Crónicas Marcianas: cuando los cohetes despegaban hacia Marte para dejar atrás una tierra ingrata y en decadencia. Pero, repito, prima una extensa, pormenorizada y, a veces, superficial narración de la vida sentimental de Leo.

Encontramos numerosas referencias a la cultura popular (series, películas, cantantes…), tantas que resultan algo reiterativas, no se pueden construir siempre las metáforas y las referencias vitales de los personajes utilizando el mismo tipo de referentes, resulta redundante. Aunque esta repetición de situaciones y ambientes sirve para documentarse sobre la iconografía gay y los entornos discotequeros en los que además de bailar se compra y se vende carne humana, ya que están más que representados en esta novela.

Se podría decir que la huída marca el inicio y el final de la historia. Leo huye de su relación arruinada y vaga por una existencia inercial hasta terminar de nuevo escapando, esta vez de una manera poco común y más interesante para el lector, hacia la que será su epifanía oriental.

El estilo termina por ser denso al extenderse demasiado en detalles poco cruciales para la narración que se atranca en abundantes circunloquios sobre los sentimientos del protagonista. Por momentos el texto parece un diario personal que es complicado leer con atención: pormenorizadas rutas por ciudades; pormenorizadas descripciones de noches de baile, de noches de sexo, de noches de dormir abrazados; pormenorizados pormenores. La mejor parte es el último tercio, con Leo ya en Japón; sea por el cambio de escenario, sea porque, por fin, las pinceladas de fantasía que aparecían como por ensalmo hasta este momento ahora toman protagonismo. A estas alturas el lector ya iba pidiendo un cambio de tercio.

El lenguaje, aunque cercano, es poco variado y algo plano, no ayuda a sostener una trama sin mucha acción y basada en cosmogonías personales. Esto, unido a la lentitud con la que avanza la historia, la convierte por momentos en una planicie ardua que, sin embargo, está sembrada de momentos de brillantez: metáforas atinadas, descripciones atractivas, la esperanza de que los cohetes que despegan tengan algo que decir en la historia, las sonrisas que se dibujan cuando alguna de las referencias culturales te toca de cerca…

Percibo esta novela como una historia de crecimiento personal, de avance hacia la aceptación y el compromiso con la propia esencia, pero adolece de poca variedad en las situaciones presentadas, los personajes deberían hacer algo más que amar.

Como ya he señalado, a partir de la página doscientos aproximadamente, la historia gira y los componentes más imaginativos (cohetes y mundo apocalíptico, ahora la lluvia eterna ha cesado y lo que asola el planeta es una sequía pertinaz) se hacen primordiales y comienzan a contar otra historia. Esta inserción tampoco acaba de estar bien hilada y me resulta poco creíble, quizás porque no tiene una explicación clara —que en ocasiones no es necesaria pero que en este contexto hubiera sido pertinente— o porque el carácter “mágico” estalla sin que en las páginas precedentes se haya apenas mencionado de forma tangencial y sin que se nos den motivos ni tiempo para integrarlo en la historia como un elemento más.

Tampoco queda clara la intención del autor. Quizás pretenda reflejar el vacío existencial, el egoísmo humano, la tendencia que tenemos como especie a mirar para otro lado a pesar de que el mundo se esté yendo a pique y de ahí la superficialidad de lo que se cuenta; o quizás simplemente sea una historia con muy buena intención, con unos mimbres atractivos, pero fallida. Tampoco me parece acertada la elección de los tiempos, esa extensa introducción y como se centra en los arrebatos líricos de Leo sin dar más presencia a otros personajes o situaciones ajenas que podrían añadir variedad y matices.

Si me gustó mucho cómo se refleja la técnica del avestruz de toda la humanidad frente a un mundo que, primero en remojo y después en secano, parece destinado a la extinción. Nadie atiende lo que pasa a su alrededor, nadie hace nada por buscar soluciones reales y efectivas, siguen con sus vidas superficiales, con su día a día y sus pequeñas batallas personales.

Uno acaba preguntándose qué hace un chaval como Leo deseando amar en un mundo donde despegan cohetes desde la plaza del pueblo. Se disfruta de los escarceos amorosos de los protagonistas, sobre todo de los más picantes, y del atractivo tramo final de la novela: los colores de Japón, el acercamiento antropológico del protagonista a una cultura tan distinta y atractiva, y la metamorfosis de la trama que se transforma en distopía romántica. Pero si le exigimos a El mar llegaba hasta aquí algo más de lo que le pediríamos a una novela de amoríos sin pretensiones nos decepcionaremos. En definitiva, si se lee como una novela rosa de temática peculiar puede funcionar; si enfocamos la lectura desde esta perspectiva las irregularidades son menos evidentes y podemos entregarnos a la disección del corazón de un chico que quiere sufrir menos y evolucionar.
 


7 comentarios:

Susana de Libros Prohibidos dijo...

¿Cómo puede ser que una reseña negativa dé ganas de leer el libro?

Estoy deseando ver qué dices de las dos obras que reseñé yo y que han resultado nominadas.

Un abrazo y enhorabuena por esta preciosa crítica.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Susana Me alegra haberte puesto en esa encrucijada. Pronto vendrán esas otras críticas que ya están esbozadas.

Gracias por tus amables palabras y un placer leerte por aquí.

Alex Pler dijo...

Hola Víctor, gracias por leer y reseñar mi libro con tanto detalle a pesar de no haber conectado con él. Con un poco de suerte, el próximo que escriba te gustará más. Volveré a esforzarme por dar lo mejor. Un saludo.

un-angel dijo...

A mi me ha ocurrido parecido a Susana, que tras leer tu reseña me han quedado ganas de leerlo, hacerme una opinión propia y después volver a leer tu reseña. Que conste que me fio muy mucho de tu buen criterio, pero me ha parecido una mezcla de sensaciones y de líneas argumentales tan curiosas y dispares que se me ha estimulado mucho la curiosidad y el gusanillo lector. Contando nada más con tus reseñas, yo creo que me quedaría con esta antes que con "Coburn", no sé...
¡A ver las dos que quedan!
Abrazos, guapo, y feliz semana.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Alex Pues espero que sigas escribiendo y que puedas dar rienda suelta a lo bueno que ya se ve en este libro. Un saludo y gracias por pasar.

Un-angelPuedes dudar de mi criterio muchacho y siempre es mejor hacerse una opinión propia. Me alegra que con mi reseña se te haya despertado la curiosidad y las ganas de leer esta obra y además siempre entran en juego los gustos personales, los temas, y los géneros preferidos. Así que leela porque que a mí literariamente no me haya parecido muy meritoria si merece ser premiado el trabajo que hay detrás, porque es un libro autoeditado y que en lo formal, en lo físico está bien acabado y trabajado.

También me alegro de que estés pendiente del premio, de tu "vicio" lector, y, como siempre, de tu presencia por aquí que da chispa al blog.
Un beso amigo.

El pájaro verde dijo...

Justo acabo de terminarlo y coincido bastante en muchos aspectos que comentas. Me sobran cosas y me faltan otras en esta novela. Aún he de dejarla reposar y ordenar ideas antes de reseñarla, pero me temo que mi valoración no podrá ser demasiado entusiasta.
Saludos.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Pájaro verde, Bueno, no es que me guste que coincidamos en aspectos negativos de una obra, pero creo que la sinceridad es importante. Esperaré para leer tu crítica. Si la novela hubiera transcurrido como al final durante toda su duración hubiera ganado mucho, siempre hay cosas que se pueden entresacar, buenos ladrillos para una buena historia. Un Saludo...