5 de noviembre de 2015

Uno menos en la pila...



Os dejo con la tercera reseña de las obras finalistas del premio Guillermo de Baskerville 2015 que organiza la web Libros Prohibidos (podéis leer las anteriores pinchando AQUÍ). Espero que la disfrutéis como yo he disfrutado de la lectura y la elaboración de esta crítica.

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Berta Dávila
Título original: O derradeiro libro de Emma Olsen
Idioma original: Gallego
Traductor: Rubén Ruibal
Mar Maior, 111 p.

¿Es El último libro de Emma Olsen una novela al uso o un flujo de pensamiento transcrito? Ambas opciones parecen válidas y complementarias. Estamos ante uno de esos libros que parece estar siendo escrito al mismo tiempo que lo leemos, como si de verdad la voz narrativa desgranara sus vivencias ante nuestra mirada atenta y sorprendida en un proceso de catarsis con un estilo admirable y muy natural.

El título de la obra es su mejor sinopsis. Se nos presenta a Emma Olsen, escritora consagrada, su ordenado caos a base de recuerdos que van conectando y dibujando todo un paisaje desolado y abandonado: el pueblo de Faith, en Dakota del Sur, al que va a pasar sus últimos días de vida y a saldar cuentas pendientes. Tranquilos, no me maten, lo que acabo de decir es algo que se desvela en los primeros párrafos de la obra y su conocimiento no impedirá el disfrute de la lectura porque el tuétano de esta historia está en otro sitio y no en la muerte anunciada de la narradora y protagonista.

Estamos ante una historia de amor viciado, de secretos y envidias, de temor a crecer y tener que abandonar la seguridad de lo conocido. La protagonista regresa a la que fue su casa después de una ausencia prolongada y de una vida que ya nada tiene que ver con la que llevó allí de niña y adolescente. Regresa para poner sobre el papel su relación con su vecina de entonces, Clarissa. Enseguida asistimos a una herida que se abre y grita, a como lo que pudo ser un amor inocente y liberador acaba convirtiéndose en algo truculento que solo deja una opción: poner kilómetros de distancia.

La técnica de Berta Dávila es depurada y efectiva. Su forma de hilar ideas y temas es fabulosa, los repite desde varios ángulos para dar consistencia a una memoria atrapada que con esta narración pretende liberarse, desahogarse, cerrar la brecha que supuso para Emma Olsen tener que escapar de un ambiente mezquino y alienado.

También me parece meritoria la forma de entrelazar varios planos en un solo relato: confesión, reflexiones metaliterarias, vidas y costumbres de un pueblo, sentimientos bajo el microscopio; mientras, la tensión en la trama no deja de subir. Todo se aúna de forma magistral, en apenas cien páginas, y nos queda la sensación de que nos han contado casi una epopeya cotidiana (quizás exagere un poco llevado por el entusiasmo) protagonizada por una multitud y por una sola persona a la vez; de que nos han expuesto presente, pasado y futuro simultáneamente. Qué gran sensación topar con una historia así, ambiciosa, que lo cuenta todo con una sinceridad que desborda, con una trabajada sencillez.

La autora despliega un lenguaje claro, elegante y variado que consigue una cercanía asombrosa con la oralidad, al fin y al cabo esta historia es la de una mujer que nos cuenta su existencia de viva y dolorida voz. Gracias a ese léxico destilado hasta la esencia la obra fluye con facilidad. En este punto hay que atribuir la parte del mérito que le corresponde al traductor. No debemos olvidar que la obra fue concebida en gallego, pero no se aprecia en ningún momento su paso a otro idioma. Un aplauso, pues, para Rubén Ruibal.

Más aspectos positivos: la ambientación, entre onírica y alucinada. Permanecemos siempre cercanos al extrañamiento, a la fotografía blanqueada por la luz solar incidiendo en el marco durante años. Hay un fondo de lugar peligroso, de amenaza oculta que sirve muy bien a la trama para dirigirse a su final ineludible. Tristeza y perversión, silencios e inercias, oportunidades y conformismos; muchas dualidades, muchos matices, muchos personajes que parecen secundarios pero que tienen todos un papel fundamental en lo que sucede. Nada sobra en este epitafio literario de una autora que debería haber existido. Me asombra que tanto quepa en tan poco espacio.

Con lo dicho hasta ahora queda claro que la veracidad de esta obra es inquebrantable, pero para potenciarla se añaden unas notas ficticias sobre la obra y vida de Emma Olsen. Escritas por un inventado traductor, aportan un plus de realismo que nos hace preguntarnos por las novelas que esta autora escribió y desear que existieran para leerlas, despiertan nuestra curiosidad por los lugares en donde vivió y por las personas que conoció. La novela resulta tan creíble que en todo momento nos sentimos vecinos de Faith, caminamos por sus calles, conocemos a sus habitantes, respiramos su aire. La inmersión en el carácter de la localidad es total gracias a recursos como la inserción de pequeñas biografías de personajes cercanos a los principales que ejercen su influencia sobre ellos, pero que además nos ayudan a explicarnos cómo es el entorno en el que se mueven, qué efectos produce en sus vecinos la localidad de la que todo el mundo quiere huir pero pocos abandonan. Pertinente es también el juego de palabras que la autora hace con el nombre del pueblo («Fe», traducido al castellano) que choca con la desesperanza que impregna sus calles.  

Abundan las reflexiones sobre el proceso de escritura, al fin y al cabo es una escritora la actriz principal de esta confesión novelada.

«Sí, siempre se escribe por algún motivo egoísta, por vanidad o para que alguien nos perdone, incluso los que no permanecen con nosotros para perdonarnos».

En el fondo esta no es más que una historia de amor a la literatura que aparece como salvadora de la vida de la protagonista, como vehículo para la huida de un entorno humano y físico corrompido. Es clave en la obra la aparición de un viejo profesor, el Señor Montana, que señala a la joven Emma su capacidad literaria y la acompaña en su crecimiento como artista, un faro brillante en esta costa abrupta y peligrosa.

La tensión anticipatoria, una inquietud que se transmite enseguida al lector, está muy conseguida y nos dirige atentos a la confesión final de lo que sucedió entre Emma y Clarissa. También el tono, de resignación y derrota, pero al mismo tiempo de imperante necesidad por contar la historia con concisión, está muy bien elegido y ejecutado. El intento postrero de reconciliación de la narradora con sus secretos personales imanta al lector, le hace cómplice y le acerca a Emma, predisponiéndolo a querer escuchar todo lo que tenga que contar.

Y el final, insustituible, una conclusión redonda. Esta historia solo podía haber terminado como lo hace: se resuelve una amenaza que sobrevuela toda la obra y que se asoma a mitad de la novela pero que no queremos ni podemos creer hasta que nos topamos con ella y ya no podemos esquivarla. La revelación cae por su propio peso y, a pesar de su crudeza, la acatamos como el último acto de una mujer moribunda.

Después de toda la pasión que he derrochado hablando de este libro, quizás sobre decir que no deberíamos perder de vista a Berta Dávila por si en un futuro es capaz de repetir o incluso mejorar esta gran obra. Redicho queda.

6 comentarios:

Susana dijo...

"Me asombra que tanto quepa en tan poco espacio." Creo que es la frase que mejor define esta obra. Sigo sin explicarme cómo Dávila ha conseguido algo tan complejo, tan lleno de matices y recovecos, en tan pocas páginas. Para mí, uno de los descubrimientos del año; una novela que me ha calado muy hondo y que no dejo de recomendar a mis familiares y amigos.

Preciosa reseña. Has sabido captar su esencia a la perfección. Enhorabuena.

Un abrazo

un-angel dijo...

Yo todavía no he leído el libro pero estoy totalmente de acuerdo con el comentario anterior, la reseña ha sido preciosa y da como muchísimas ganas de leer el libro. Como la autora haya puesto en su novela la misma cantidad de arte que has puesto tú aquí hijo mío, tiene que ser una maravilla. Solamente el hecho de ser capaz de transmitir tanto en un librito tan pequeño demuestra ya muchísimo talento ¿no?... porque para contar y hacer sentir tanto a uno le parece que es necesario al menos un novelón decimonónico de esos de por lo menos setecientas páginas...
Creo que de momento es mi favorita de tu "pila", jaja, a ver que tal el que queda.
Un abrazo y feliz Noviembre, chato.

Fesaro dijo...

Ya queda menos y en lo que respecta a mi ya tengo mi favorito

Víctor L. Briones Antón dijo...

Susana gracias por tus palabras, eso lo primero. Para mí ha sido una grata sorpresa esta lectura. Y es que no es tan frecuente encontrar obras de este calado, que te lleguen tan dentro y que estén tan bien escritas. Yo la percibo como un engranaje perfecto, la manida metáfora del reloj de bolsillo: compacto pero lleno de mecanismos invisibles, de millares de piezas que engranan para crear una maquinaria perfecta. Una gran lectura, muy recomendable.

un-angel, te recomiendo de todas todas su lectura. Cuando te decidas a leerlo lo comentamos. De novelón milpaginero nada de nada, aquí está todo concentrado; y cuando digo todo quiero decir T-o-d-o. La autora para mí se ha convertido en alguien a seguir de cerca. Me alegro que te haya gustado la respuesta y que te haya picado la curiosidad el libro.

Fesaro, pues sí, dentro de poco sabremos cómo ha quedado el concurso. Yo no digo nada que aún queda una reseña mía por aparecer y se tienen que hacer las cuentas de los votos. ;)

El pájaro verde dijo...

A mí también me ha gustado mucho este libro y pienso que habrá que seguir de cerca a su autora.
Resalto la excelente ambientación y lo bien construídos que están los personajes con escasa pinceladas. La trama está también muy bien dosificada, si se puede hablar de dosificación en una novela tan breve como esta. Sin embargo esa brevedad también es una virtud, pues es un gran mérito saber contar una historia que no es lineal en tan pocas páginas.
Aún tengo pendiente publicar la reseña y por mi parte solo me restará esperar a conocer al ganador.
Saludos.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Pájaro verde, pues coincidimos en casi todo por lo que me dices. Y sí, es impresionante la sensación que te deja el libro de haber tratado multitud de temas y situaciones, todas además con una profundidad y capacidad para conmover destacadas, pero en tan solo cien páginas. A mí eso me parece muy complicado de lograr y ahí está, ante nuestros ojos atónitos.

Espero pues tu reseña, a mí me queda solo la de El salto de Trafalgar y habré terminado mi labor de reseñista. Un abrazo.