16 de noviembre de 2015

Uno menos en la pila...

Finalizo mi colaboración como jurado del premio Guillermo de Baskerville 2015 organizado por Libros Prohibidos con esta crítica. He disfrutado mucho con esta experiencia y ahora solo queda esperar a que los fríos datos numéricos nos ofrezcan el resultado y podamos felicitar al ganador o ganadora. Podéis leer mis anteriores reseñas sobre los otros tres finalistas pinchando AQUÍ.

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El salto de Trafalgar 
Ernesto Rodríguez
Editorial 120 pies, 196 p.

Un hombre gris, Trafalgar Martos, deambula por su apartamento, casi podemos ver su postura encogida, oírlo arrastrar los pies mientras camina hastiado después de otro monótono día en su trabajo como profesor de lengua y literatura. Casi sentimos el peso sobre sus hombros, su depresión evidente, ¡algo va a salir mal! Las sospechas enseguida se confirman y vemos al pobre Martos despertar en una cama de hospital después de arrojarse al vacío por el patio de luces. Desde ese lugar en apariencia poco propicio para la aventura empieza el viaje; y qué viaje, nada de una escapada de fin de semana a la sierra para combatir el estrés, sucede algo mucho más insólito. Trafalgar comienza a saltar en el espacio-tiempo y visita, al principio con extrañeza y después con evidente deleite y descontrol, hasta siete multiversos, otras vidas alternativas en las que sigue siendo el protagonista pero en las que multitud de detalles cambian, las personas no son quienes solían ser y él mismo tiene recorridos vitales de lo más variopinto, alejados de la derrota existencial en la que se encuentra inmerso en su vida número uno que podríamos considerar el campamento base de sus vagabundeos entre universos paralelos.

Para reflejar bien este argumento, que en un primer acercamiento puede parecer alocado, el autor elige una estructura arriesgada que se basa en la superposición y alternancia de la narración de las siete vidas del protagonista. Se emplea a fondo para facilitar al lector el seguimiento de las andanzas de Trafalgar. La numeración y los inicios de cada capítulo son la clave para que vayamos aprendiendo a movernos por esta trepidante historia.

Martos va saltando entre sus diferentes vidas. Al principio la confusión y el temor hacen mella en él, pero pronto se da cuenta de las posibilidades que ofrece su abono transporte interdimensional e intenta tejer una historia unitaria entre todos sus yoes, trata de resarcirse de sus errores pasados, encauzar su vocación y urde un plan para conquistar a la mujer a la que ama, Gala, que en su vida ordinaria no parece corresponderle. Este ajuste de cuentas consigo mismo lo monta, porque casi de un juego de construcción o de un rompecabezas se trata, tomando retales de sus distintas existencias recién conocidas para experimentar todo lo que no es capaz de lograr cuando viste su pellejo de don nadie.

Estamos ante una obra descarada, sin complejos, con golpes de humor absurdo. Una obra que se queja y duda mucho al principio y que aporta muchas soluciones al final. Es cierto que existe un periodo de adaptación a la narración desestructurada (riesgo que toma el autor y del que sale airoso). Pero, una vez cómodos en esta locura, la verdad es que se disfruta y se entiende a la perfección; enseguida queremos que Trafalgar dé su siguiente respingo temporal y aparezca en una de las realidades que desde su «accidente» frecuenta. Cada historia que se entrelaza tiene su interés por separado, pero cuando el protagonista toma la iniciativa para influir en ellas, cambiarlas y retocarlas, adquieren mayor sentido e interés.

Quiero destacar el papel de un personaje que ejerce de guía; un gurú, que acompaña a Trafalgar en su descubrimiento y control de los diferentes universos paralelos: Miguel Tasot, otro viajero del multiverso, que resulta esencial en la obra porque aporta los momentos más reflexivos de la misma y, a mi modo de ver, también los más interesantes. Un poco más de espacio para este actor filosófico no hubiera estado de más.

Emerge como tema principal de la narración la insatisfacción vital. Asistimos a cómo la vida que soñamos y la que tenemos, las decisiones que tomamos y las que dejamos de lado, van construyendo una personalidad que en el caso de Trafalgar Martos, como él mismo dice en varias ocasiones, es su peor versión posible. En esta novela se nos permite ver todas esas alternativas ocurriendo a la vez: somos el que estudió el módulo de FP de tauromaquia y el que se hizo astronauta para clavar la bandera del Betis en Marte, el que amó a Mengana o a su hermano Fulano o, incluso, a la madre de ambos y venga, por qué no, también el que se iba de farra con su padre, los dos travestidos de folclórica. Advertencia: estas realidades paralelas no son las reflejadas en el libro, aunque en él también las hay bastante absurdas y divertidas. Nos desplazamos de una a otra, acompañamos al protagonista en su afán por construir con retales de varios planos una vida decente y mejor que la que tiene. Vivimos con él su particular edificación de lo cierto y como completa, como si estuviera escribiendo la parte de la historia que falta, los espacios desconocidos, los añicos invisibles de una realidad siempre parcial.

Lo que al principio nos abrumaba, la estructura, a medida que la dominamos y comprendemos, se va clarificando y comenzamos a especular sobre qué hará trafalgar en su próximo paso. Esta forma de exponer la historia, nada habitual, es para mí la gran baza de la misma. Podríamos denominarla como narrativa de linealidad dispersa o, para no poner palabros que no existen en ningún plano, simplemente decir que se trata de una historia original y arriesgada, a la que sus múltiples lecturas y su humor irreverente benefician. Convergemos desde el caos, la desidia y la sorna hacia la superación, la toma de conciencia y el crecimiento personal de un hombre que en unos pocos días irá cambiando mucho antes nuestros ojos.

Esta historia puede ser leída también en clave metaliteraria, como una metáfora del proceso de creación de una ficción. Los tránsitos entre realidades no son más que las diferentes alternativas que el escritor maneja y los puntos ciegos que no aparecen en ninguna de ellas por fuerza deben ser inventados en un ejercicio de salto al vacío creativo. En definitiva, elijan ustedes su versión: novela de garbeos por el multiverso con tono jocoso o reflexión sobre el proceso creativo del escritor con tonalidades algo más apagadas y melancólicas. Pero si de verdad quieren disfrutar esta historia lo mejor es mezclar ambas versiones.

Sólo aprecio un punto negativo: el exceso de celo que pone Trafalgar en conquistar a Gala. Se podría haber dotado al protagonista de más variedad en sus inquietudes, mostrarlo más preocupado de otros factores menos triviales cuando descubre que puede hacer lo que hace. Puede que sea un guiño del autor para demostrar que todos somos más simples que un búcaro, pero sigo pensando que las molestias que se toma el narrador en montar un circo de siete pistas podrían haber desembocado en más variedad de hilos narrativos y no centrarse tanto en una simple historia de amor.

Divertida a rabiar, aconsejo perseverar si al principio todo parece una broma o las tomas falsas de Sharknado, pronto descubrirán lo que se esconde entre las diferentes versiones de una sola vida y se harán con los mandos de esta novela que tiene muchos alicientes para gustar.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas, soy Ernesto, el autor del artefacto. Muchísimas gracias por la crítica, he disfrutado mucho leyéndola. Ahora, lo que no sé es si debería o no apuntarme al fp de tauromaquia. Lo tenía muy claro pero me han surgido algunas dudas...

Víctor L. Briones Antón dijo...

Ernesto, en primer lugar gracias por pasar, disfruté con la lectura de tu "artefacto" y eso creo que se nota en la reseña. Respecto al tema del FP, decídete pronto porque se está apuntando mucha gente, si te quedas sin plazas pronto saldrá publicada en los pliegos publicitarios de todos los supermercados (si, los de leer en el momento de concentración suprema en el servicio) la oferta de formación profesional para los próximos años: te recomiendo el curso de cocinero con los pies o el de agricultura tradicional en entornos cárnicos. La oferta es variada.

Un saludo y suerte con la novela.

Anónimo dijo...

El otro día le quité un calcetín a una amiga con los pies (los míos, se entiende), de modo que creo que están preparados para pasarse a los fogones.
Un saludo y, de nuevo, gracias, muchas gracias por tus palabras :-)

E

Víctor L. Briones Antón dijo...

Ernesto, veo que ya has elegido tu camino. Gracias a ti por leer y comentar.

Fesaro dijo...

Yo he encontrado un libro con reflexiones brutales, de las que te desgarran y te hacen volver a leer la frase una y otra vez para no olvidarla pero entre tanta genialidad me he perdido en el laberinto que el autor dibuja para hacernos llegar a ello.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Fesaro, es una apuesta arriesgada la estructura de esta novela. Es verdad que es confusa y que exige un esfuerzo por parte del lector. La obra está muy bien, como tú dices, con momentos realmente brillantes. Con un par de detalles más cuidados sería aún más redonda (principalmente más enjundia en algunos hilos argumentales y un ritmo algo más sosegado), pero merece mucho la pena.

un-angel dijo...

¡La última reseña ya!...
Debo decir que los autores tienen que sentirse muy contentos con tus críticas porque como mínimo siempre inspiran el deseo al lector de atreverse con el libro y hacerse una opinión propia, lo cual es un gran mérito por parte del que hace el juicio sobre la novela.
Y sobre esta de hoy en concreto pues has hecho mucho hincapié en lo arriesgado y complicado de la estructura y puede que eso sea lo que me eche más para atrás para leerla. Pero sin embargo me gusta el asunto primordial que según cuentas hay de fondo y que no es más que esa sensación que a menudo tenemos los seres humanos ( ¿ o solo la tengo yo? ) de que la vida que estamos viviendo no es ni mucho menos la mejor versión de las que en un principio teníamos teóricamente disponibles, y la duda acerca de como podría haber sido nuestra realidad si, en vez de estar viviendo la vida que vivimos, estuviéramos viviendo en ese otro universo paralelo en el que todas las decisiones tomadas hubieran sido las correctas.
Total, que me parece interesante y muy digna competidora en la "pelea" con las otras tres participantes... claro que es que tú me lo cuentas y me lo vendes muy bien ;-)
Ahora solo nos queda esperar al resultado ¿verdad?...¿también vamos a poder conocerlo por aquí?
Un abrazo grande y muy buen fin de semana, guapo.

Víctor L. Briones Antón dijo...

un-angel, no, no solo tienes tú esta sensación. Supongo que una de las cosas que tenemos los humanos es el inconformismo que nos empuja a buscar novedades y mejoras pero que también conlleva su reverso tenebroso, la insatisfacción vital. Si te soy sincero prefiero no darle muchas vueltas al cerdo en el espeto porque demasiado tengo yo con mi tendencia al run run mental como para encima ponerme a hipotetizar sobre cómo hubiera sido mi vida si el 13 de enero de 1983 no me hubiera comido ese pastel en mal estado. Prefiero los mundos en los que no participe yo porque es que no hay quien me aguante.

Si te llama la atención lo que he contado no dudes en darle una oportunidad al libro, porque aunque la estructura es enrevesada el lenguaje y el tono no lo son para nada. Es una lectura amena y cercana encapsulada en un experimento formal que, además, uno acaba controlando enseguida. Tú mismo con tu metabolismo.

Efectivamente ya solo queda esperar los resultados que sé de buena tinta que aún penden de un hilo fino. Los traeré por aquí, claro, aunque solo sea por el bien de tu información.

Muchas gracias por tus palabras, es un gustazo tener un lector como tú... Por cierto, tengo algo abandonado tu blog y tus locuras. ¿Cómo está Helga? ¿Has pergeñado alguna narración esquizoide y subidita de tono de las tuyas últimamente? Si es que no, espero que te vuelvas a animar pronto y si es que sí pues la leeré pronto.

Un abrazo

El pájaro verde dijo...

Me pareció una lectura fresca, con puntos divertidos en su absurdidad, y que a pesar de que pueda parecer que el lector se pierde con tanto cambio el autor ha sabido resolver este hándicap muy bien. Por lo demás yo no le he sacado mucho más partido pero me alegra comprobar que tú sí. Y me encantan tus propias alternativas del multiverso.
Un saludo.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Pájaro verde le puede faltar un empujón a la novela para variar un poco más en los temas. Pero a mí el juego de estructura y de metaliteratura me ha gustado y enganchado. El humor me parece que casa con el tono de la novela.

Por cierto, de qué alternativas hablas, yo solo escribo de lo que puedo ver y tocar ;)