2 de diciembre de 2015

Mientras...


…dejo pasar la mañana en un banco del Parque de María Luisa 


Comienzan a sonar ritmos hip hop, una música que no entiendo, pero que capta mi atención. El poder de la rima actúa rápido y me hace buscar su origen para saber quién quiere reconquistarme con duras y cabreadas consonancias. Unos chicos, adolescentes con sus scooters aparcados un par de bancos más allá, suben el volumen. Contemplo su belleza, envidio su despreocupación, admiro su energía. ¡Cómo la derrochan sin contenerse porque les sobra!

He de aprovechar los momentos iniciales de este inesperado «escaparate». Me conozco y sé que no aguantaré mucho tiempo la presencia bastarda de la poesía en su música, pronto empezará a transformarse en ruido y se romperá el encantamiento, el momento perfecto pasará cuando sus conversaciones se transformen en rituales de dominación con temática futbolística. Pero me permito disfrutar unos segundos más.

Ellos tienen tiempo de ser lo que quieran. Mi tiempo, pienso, ya solo puede ser empleado para apuntalar las rarezas de mi imperfecta forma de ser y, con suerte, para tomar un par de decisiones trascendentales más antes de rendirme a mis elecciones y disponerme a sacarles todo el jugo que pueda.