23 de diciembre de 2015

Uno menos en la pila...


Defensa cerrada
Petros Márkaris
Traducido por Ersi Marina Samará Spiliotopulu
Tusquets (Maxi) 414 p.

De nuevo me traes Petros un retrato costumbrista. Gracias por llevarme a conocer la belleza de Atenas, sus lugares luminosos, sus monumentos, esas impecables y limpias calles que recuerdan el origen clásico de la civilización occidental, tan equilibrada ella. Y es que Márkaris es el mejor guía posible, su cínica amabilidad hace que las visitas que él guía sean una balsa de aceite, todo calma y buenas palabras. Hasta que le suena el teléfono, al otro lado Kostas Jaritos, y se tiene que marchar para ayudarle perseguir a lo peorcito de la sociedad; es un privilegio que después venga y nos lo cuente así como es él, sin tapujos. Lo hace con maestría, de forma fluida y adictiva. Cuando todo termina y me vuelve a invitar a pasear por la zona amable de la vida ya es imposible contemplar con los mismos ojos esas calles y a sus gentes.

En este libro le toca recibir leña al mundo del fútbol, nido de mafiosos y tapadera ideal para negocios sucios, y al de la vida nocturna ateniense, tres cuartos de lo mismo. Por supuesto hay una trama política detrás, porque la podredumbre de los potentados es algo que gusta mucho a Márkaris, aunque en esta ocasión los politicuchos se libran de ser objetivo directo del incisivo colmillo del narrador griego. La corrupción institucional como parte del retrato que nos hace de su país es una marca identificativa, el antojo con forma de cruasán en la nalga izquierda, de los relatos escritos por este autor.

Volvemos a cruzarnos el comisario Jaritos en su salsa, con su diccionario que nos demuestra su humildad, si no sabe algo lo mira y punto, y después a dormir una buena siesta con el libro abierto sobre la panza. Un hombre que sabe vivir en la mierda sin convertirse en mierda, que no pretende ser salvador de nadie ni arreglar todo lo que a su alrededor está roto. Un policía que no puede dejar de hacer bien su trabajo, esa es su motivación, sin una gota de moralina más de la cuenta.

Encontramos el habitual estilo directo, sin concesiones. Personajes que se dibujan con perfección a través de sus imperfecciones. Conocemos más del apurado Jaritos, más de su familia, su historia personal va evolucionando desde el primer libro de la serie, Noticias de la noche. De nuevo el punto fuerte en esta novela es la ambientación y la estructura clásica y sencilla de los relatos policíacos: pistas que aparecen en un orden lógico, no hay líneas narrativas retorcidas, y el pastel salado que se va descubriendo lento pero sin pausa, con un control óptimo de la tensión narrativa.

Este es el segundo libro de una saga que estoy seguro leeré hasta la última palabra. Porque me apetece conocer cómo le va a este tipo, saber si su mujer, Adriani, ha sabido cuidar de él con su quisquillosa forma de quererlo, qué pasa con los amoríos de la niña de sus ojos, Katerina, o si aguantará su Mirafiori los tutes que le da Jaritos por las avenidas de la ciudad. No todo va a ser investigar para trincar a los golfos. Han bastado dos novelas para que me sienta como un pariente cercano y coñazo del comisario.

Recuerden, esta es una lección que he aprendido de Adriani: las reconciliaciones se sellan con comilonas. Atraquémonos de tomates rellenos para firmar la paz (se recomienda tener cerca un cubo de bicarbonato y si os sobra pues para el ágape de mañana), para perdonarnos a nosotros mismos por no estar ya leyendo otra entrega del mundo Kostas Jaritos. 

¡Buen provecho!