24 de febrero de 2016

Uno menos en la pila...



Incluido en Los mejores relatos de anticipación 
Marion Zimmer Bradley
Bruguera, Libro Amigo


Los mejores mundos y los mundos mejorables

Es de dominio público, para el que lo quiera ver, que a los seres humanos se nos da muy bien apiñarnos en populosas ciudades, cosmopolitas les llamamos. Parece que como especie somos especialmente hábiles solucionando una serie de cuestiones técnicas que han convertido la existencia en la Tierra —para unos pocos privilegiados— en una confortable e irreal estancia de vacaciones en un balneario.

Es evidente, para el que quiera prestar atención a su instinto, que esa montaña de gente que consume y se odia con educada displicencia está provocando un colapso. Eso si no hablamos de cómo se cierran los ojos a otras realidades sin grifo monomando; ignorancia que aquí, al sur de una cosa que se llama Europa y al norte de otra que se llama África, en este emparedado de culturas donde se ha cortado la mayonesa de la modernidad, tendemos a desarrollar muy bien a pesar de que la viga en el ojo propio es de una rotundidad que asusta.

Dicen los barbudos y alarmistas ecologistas que esto no es sostenible. Dice mi mente acostumbrada a interpretar como le sale del hipotálamo que la realidad está tensa, que es pelín molesto estar todo el santo día medrando para tener todo lo que el principio de Trainspotting demostraba que era innecesario. 


Da que pensar, cuando uno es capaz de detenerse, qué pasará en el futuro, cómo nos organizaremos-apiñaremos y si encontraremos una forma más humana de habitar la naturaleza y relacionarnos. Para reflexionar sobre estas cuestiones el hombre, esa hormiga que construye edificios con forma de mojón alambicado a lo Calatrava, ha inventado algo buenísimo que además entretiene: la ciencia ficción.

Hay multitud de relatos que abordan este mundo cercano del futuro. En algunos el ideal capitalista-consumista ha fracasado y se han tenido que buscar “alternativas habitacionales” para el autodesahucio que hemos ido cociendo a fuego lento. Muchas de esas historias nos hablan de un fiasco absoluto, de un apocalipsis donde han reventado las estructuras sociales que mantenían la convivencia tensa y de una realidad que se ha convertido en un hatajo de gatos peleándose en el corazón de una zarza. Otras nos hablan de un futuro más suave, más optimista, anticipaciones donde ha triunfado lo humano sobre lo catastrófico. Estas son más infrecuentes y, por eso, me gustan más; porque, como buen fan de Heidi, me gusta pensar que, a lo mejor, nos da por mejorar como especie, por despertar algún día de esta huida hacia delante en la que pisar el cuello del vecino es el primer paso en nuestro camino hacia la condición de cadáver más exitoso del cementerio.

Algo así sucede con el relato La vuelta al hogar de Marion ZimmerBradley. Que no es el mejor relato anticipatorio pero que posee varias cualidades que me hicieron apreciarlo. En primer lugar lo encontré recogido dentro de una de las antologías de Libro Amigo de la editorial Bruguera, una colección que idolatro por divertida, diversa y, a veces, demencial. Después está la autora, una rara avis dentro del mundo de la ciencia ficción, feminista convencida y peleona, su vida es de esas que merece la pena conocer. Y por último, y más importante, las ideas que la historia contiene y que me atrajeron al instante:

  • La tecnología al servicio del hombre (no al revés) y sólo en los casos en que es realmente imprescindible.  
  • El retorno a la vida sencilla, apegados a nuestra naturaleza, a nuestro cuerpo. Lo que conlleva utilizar la inteligencia para algo más que para ganar y gastar dinero. 
  • El abandono de pulsiones hipercompetitivas como base del armazón social para sustituirlas por concepciones que se fijan en la colaboración y el bien común.

Estas son las principales, pero el relato está perlado de hilos sueltos que nos permitirán desarrollar nuestra curiosidad. Básicamente leemos como una expedición que abandonó La Tierra hace años para colonizar un planeta lejano envía de vuelta a la tierra a sus hijos. El choque cultural que se produce es interesantísimo, los recién llegados encuentran una Tierra muy cambiada, donde las ciudades, la tecnología y las formas de vida de las que les habían hablado sus padres han desaparecido. Topan con una sociedad agraria, organizada en pequeñas comunidades sin contacto aparente entre ellas. La humanidad parece haber perdido su empuje, su afán expansionista y los habitantes que encuentran los tripulantes de la nave están más preocupados por tejer ponchos que por el pasado glorioso de una raza humana venida a menos según la visión de los recién regresados. Pero poco a poco estos se van adaptando a la filosofía y el estilo de vida que encuentran, van notando sus beneficios, la calma que se respira les hace olvidar sus sueños de grandeza y la decepción inicial. A medida que se integran en su nuevo-viejo planeta se les desvelarán aspectos secretos de esta sociedad que ellos creían anquilosada y endogámica pero que resulta ser la evolución lógica, respetuosa con el entorno, que ha aprendido a vivir con la tecnología sin que esta esclavice a nadie, de la raza humana.

Literariamente no es un gran relato, pero viene a demostrar que problemas que aún hoy consideramos como menores ya estaban presentes en mentes y sentimientos muy anteriores a nosotros que ya intuían que lo estamos devorando todo y que la plaga muere cuando ya no tiene cosecha que asolar.

Tenemos mucho que aprender como especie. Lo primero es a ser humildes, como aprendieron esos hijos de la vieja Tierra que retornaron a ella para ver que todo había seguido su curso sin la necesidad de su manera de hacer, sin su dios de metal y sin la necesidad de alimentar la voracidad para que todo siga rodando. Vivir mejor sin crecer a toda costa, evolucionar y conocer, antes que atestar el planeta y la mente de artefactos sin alma.

Ya no hay sitio en el balneario para todos, nunca lo hubo en realidad. Así que más nos vale empezar a construir un estilo de vida que no implique aspirar a que miles de millones de personas vivan como multimillonarios que han escrito un nuevo texto sagrado basado en el derroche y la ostentación.