16 de mayo de 2016

Por eso*


Por eso los zombis
los runners
los cuñados
y los ciudadanos ejemplares
renunciaron al tiempo común
al saberse muertos

 
Por eso y porque amar era trabajoso
porque amar implicaba a otros
atenderlos
sustanciarlos
aproximarlos
invitarlos a destruir nuestro interés
 
Por eso el común denominador del hoy
es no querer a nadie
cerca
y la soledad funcional obsolescente

un electrodoméstico de parto
una caja fuerte para bocas de fraile
un laboratorio de distancias

Por eso los políticos 
los politizados
los apolíticos granujas
y los pedigüeños
renunciaron al otro y al mañana
al saberse servidos

Por eso hoy todos muertos
y los cementerios desbordados 
en las carreteras hacia la playa
en las carreteras en hora punta
en las carreteras parcheadas
en ese sistema circulatorio que vierte
nuestra sangre en fosas comunes

y los cementerios en todas partes
en los pechos y los puentes 
en las rebajas y las sienes 
en el ansia vestida de seda
en el contrato atornillado
en lo común el cáncer de lo siguiente

y los cementerios llenos de tiempo
y los muertos airados
y los aires con olor a vino agrio
y los vivos cada vez más muertos
y las gentes renunciando a ser gente
en su camino hacia el amor a medida
por el carril del tiempo desesperado

Por eso
porque alguien vistió el tiempo de angustia
y nos enseñó a gastarlo
nos convenció de que es mejor pesar que pasar
nos castigó si lo llenábamos de nosotros
por eso
por crédulos y cobardes
merecemos la muerte que nos labramos

***

*Nota: la primera estrofa de este poema está condenada, como la soledad que aparece en la tercera, a la obsolescencia programada. Los tópicos que recojo, esos personajes, estereotipos de usar y tirar, dentro de unos meses serán otros. Quizás el runner sea youtuber, el cuñado sea tronista o el zombi sea momia polioperada. También puede el lector poner en el lugar de los términos que uso los que prefiera. Pero ese "ciudadano ejemplar", construido con toneladas de obediencia y complacencia, ese existirá siempre, se arrimará siempre al fuego que más caliente y se vestirá con el traje que le garantice el camuflaje perfecto. Ese ciudadano, del que todos somos parte y del que todos tenemos algo, es el enemigo más aterrador que jamás enfrentaremos.