14 de junio de 2016

Lectura




Leer te hace mejor persona. Estoy convencido, y no por razones científicas extraídas de esos experimentos chorras en los que se pone una alpargata a leer La Celestina y a los pocos días la astrosa babucha se transforma en un glamuroso zapato de tacón. La mejora no tiene que ver con lo externo, leer no te hace más alto, más guapo y, mucho menos, te garantiza una cuenta bancaria saneada (más bien al contrario); leer no da prestigio ni debe formar parte de ese lustre social en el que queremos enfundarnos para recubrir el rol que nos ha poseído hasta el tuétano. Leer nos mejora por el simple hecho de que requiere tiempo y concentración, porque mientras estamos entre las páginas de un libro, por fuerza, debemos abstraernos del entorno y, sí tenemos suerte, permanecer con todos nuestros sentidos en un mundo nuevo.

Este mundo que albergan los libros es más puro y más amable. Más puro porque por muy densa que sea una obra no contiene el enjambre de mosquitos zumbones en que se ha convertido nuestra vida cotidiana. No hay intereses, no hay afán doctrinario, no hay confusión. Bueno, para ser exacto, claro que los hay, pero ahí estamos nosotros para sacar conclusiones, con calma, interiorizando lo que hemos extraído de la lectura. Más amable porque no nos exige ser otra cosa que lectores, porque nos tiende la mano para ayudarnos a salir de la inercia del día a día, de esa amalgama de obligaciones, de la batalla por ser, por subsistir en una realidad en la que el reto debería ser la consistencia y no cómo conseguir que no nos reconozca ni la madre que nos parió.

Por eso nos hace mejores. No por los datos nuevos que podemos sacar a relucir en la barra del bar para impresionar a los amigotes, no por convertirnos en un hacha del Trivial Pursuit, no porque un libro sea capaz de cambiarnos la vida; sino porque gracias a él la vida se detiene y nos da la oportunidad de recuperar el mando, de dejar aflorar nuestra naturaleza calmada, esa que tiene que ver con lo que somos y no con lo que creemos que debemos ser.

Así que nada de datos científicos. Nada de que leer reduce el estrés o hace aumentar el vocabulario. Eso es incidental. Somos lo que experimentamos y nuestra experiencia cotidiana es fragmentaria, propia de gladiadores de tercera, un auténtico tostón que nos erosiona.

Leed, para salir del mundo. Leed para estar en casa. Leed para volver a reconoceros en los espejos. Porque si lo hacéis como si fuera otra medalla más en vuestro expediente de cenutrio ejemplar, sólo estaréis perdiendo un tiempo precioso que podríais emplear en utilizar a los demás o en pulir vuestra interpretación de esclavo exitoso. Matad a los mosquitos.

4 comentarios:

Moisés dijo...

Yo también estoy de acuerdo y me niego a pontificar acerca de los beneficios de la lectura. Yo creo que son claro, cualquier persona que empieza a leer lo ve enseguida. Leer hace pensar, desarrolla nuestra capacidad intelectual y esto que algunos puedan desdeñar es la esencia del ser humano, que a diferencia de nuestros amigos animales, seguimos siendo seres pensantes. Así que si desarrollas eso, te desarrollas mejor como persona.

Ahora, no soy un profeta de la lectura, quien no quiera leer no sabe lo que se pierde. Yo ya estoy en ese punto y hasta paso de hacer proselitismo lector.

Un abrazo.

PD: Cuando quieras te doy una paliza al Trivial que lo flipas, chaval.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Hombre Moisés, yo tampoco diría que soy un proselitista de la lectura, pero te reconozco que alguna vez me he encontrado en una conversación con el argumento en la boca de "pues lee este libro", no en plan despectivo sino como paso lógico al argumento que expongo, sólo para indicar de dónde lo he sacado o en qué me apoyo.

Leer te hace mejor persona, eso lo tengo clarinete.

Y sí, leer te da puntos al Trivial, pero nosotros tendremos que jugar al que las respuestas del rosa son Alaska, las del Azul la URSS y la del Naranja, Manolete. Sí te he llamado persona con experiencia sobrada.

Un abrazo.

Moisés dijo...

Jajajaja ¿persona con experiencia sobrada? Eso no me lo dices en la calle...

Un abrazo.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Moisés, como ves, leer también te da mucha soltura en el maravilloso mundo del eufemismo.