15 de julio de 2016

Uno menos en la pila...

Vamos a decir que este es mi debut oficial, que por fin el Calvo me ha dejado volar en libertad. Os explico cuál va a ser mi labor en este espacio que me he ganado con el sudor de mi frente, aguantando estoicamente el rechazo de los míos. «Un mandril leyendo obras humanas, a dónde vamos a llegar», dijo mi abuela Mari Carmen cuando se enteró; no es fácil ser un primate aficionado a la lectura. Pero un buen día, el alma mater de este blog me encontró en la sabana enfrascado en la lectura de Fahrenheit 451; le pareció extraño y encantador (además de que le desparasité —sin final feliz—gratis), por eso no tardó en ofrecerme un lugar en su vetusto blog. Al principio desconfié, pero en cuanto me comentó que estaría dado de alta en la seguridad social como técnico en el sobeteo de palabras y que me pagaría un piso al lado del campo del Betis me lancé a la aventura y aquí estoy, para darle mi toque personal a los libros que el jefe lee y que yo ya he leído. La metodología será un poco según me sople el levante o el poniente, es decir, que no sé muy bien como lo voy a hacer. El único requisito que se me ha exigido es que os transmita la opinión que al Calvo le ha merecido cada una de las obras de las que hablemos.



Vamos al turrón, me dice el jefe que sea serio con esta reseña, que es una obra que le ha gustado bastante y que es una pena que no haya caído antes en sus manos porque le hubiera ahorrado esfuerzos y habría contribuido a simplificar mucho algunos aspectos de su deslavazada ciudad mental (se me pegan sus expresiones repipis). En definitiva, me ha pedido que sea respetuoso con Walden.

Yo creo que exagera, que es un poco demasiado místico, pero oye, no hay que morder la mano que te da de comer (si no es para comértela), y aunque ya sospeché de sus arrebatos místicos al ver cómo se le caía una estampita de Santa Ángela cuando nos reunimos para hablar de mi trabajo en este blog, voy a intentar ser un buen colaborador. Aprovecho para confesaros algo, en cuanto pude cambie esa imagen de su cartera por una foto en la que aparecen San Juan de la Cruz y Santa Teresa con los ojos vueltos pa´tras, en pleno éxtasis ultraterreno. No me ha dicho nada, así que le ha debido de gustar el cambio.

Os copio las opiniones de mi empleador, sus apreciaciones van en cursiva para que no os volváis más locos de lo que ya estáis y podáis seguir el hilo. Si a lo que él dice tengo algo que añadir pues no me pienso cortar un pelo.

Sobre esta obra dice el Calvo:

Henry David Thoreau
Traducción de Javier Alcoriza y Antonio Lastra
Cátedra-Letras Universales (2007)

Una obra que admite lecturas variadas a lo largo de la evolución personal del lector. Si me hubiera topado con ella en la adolescencia creo que poco meollo hubiera extraído de sus líneas, necesita de cierta madurez y erosión vital para ser tomada como lo que para mí es, un vivero de ideas. Si otras obras consideradas clásicas en esto del pensamiento 'marginal' o 'extra-vagante', como por ejemplo El lobo estepario, sí que contienen más material incendiario, Walden es más reposada, más contemplativa.

Se podría decir que tiene muchas vías de ataque y dos partes diferenciadas. En la primera se nos presentan multitud de argumentos filosófico-morales que Thoreau inserta a raíz de sus apreciaciones de las costumbres de sus semejantes y conciudadanos de Concord; en la segunda, y aunque estas píldoras de pensamiento no desaparecen, el autor se muestra más contemplativo y se dedica a describir su entorno con datos muy precisos, mapas, números, cuentas... En cuando a las vías de ataque mencionadas, podríamos también relacionarlas con estas dos partes de libro. Serían tres corrientes, tres ingredientes que se mezclan en los párrafos del escritor: lo contemplativo, lo práctico y lo ideológico.

La obra tiene un colofón sin desperdicio y que, aunque no tendría sentido sin los datos y ejemplos aportados durante todo el libro, sirve bastante bien como resumen final de todos los conceptos que se exponen en sus páginas. Vamos, que para alguien que se quiera saltar la parte en que describe la caza del somormujo a golpe de remo o las técnicas para cultivar judías, quizás este epílogo sea suficiente.

Sea como sea, veo Walden como un libro vivo y fértil, capaz de llamar al que ya lo ha leído para perderse entre las notas que tomó en su momento y de aportar material que abone la mente del que aún no ha pasado por sus páginas. Sorprende la actualidad de algunos argumentos que, a pesar del lenguaje formal y la enrevesada gramática que utiliza Thoreau, hoy siguen vigentes por estar entroncados con el humanismo más necesario y con la sustancia de desperdicio generada por vivir como lo hacemos.

Buena lectura, necesaria, algo soñadora e inocente por momentos; exigente también en otros. Un buen libro para aprender y para confrontar quiénes somos y cómo nos comportamos con otras formas de ver la vida y de apurarla.

Id sacando punta al lápiz porque os apetecerá subrayar muchos párrafos.

¡Qué bien escribe mi jefe! Pero se deja algunas cosas en el tintero. Asuntillos sin importancia, como el ritmo inexistente de la obra. Que sí, que es un ensayo y que no necesita tanto pulso narrativo, pero en algunos momentos y por estar escrita en otro momento histórico se nota que el señor H.D. era de procesos lentos. También pasa de puntillas por la técnica con la que está escrita esta obra y que no es apta para todos los públicos ya que no se utiliza un lenguaje actual, lo que hará que tengamos que estar concentrados en lo que leemos. Además, el campista Thoreau se ensimisma con algunos detalles nimios que, aunque describe muy bien, con entusiasmo y poesía, pueden resultar aburridos hasta decir basta si uno entra en la lectura con las ideas equivocadas. 

Aun así tengo que decir, y viniendo como vengo de la naturaleza más asilvestrada y montaraz sé de lo que hablo, que el mensaje de fondo del libro será útil a todo bicho viviente que quiera ver dónde y cómo se resquebraja su realidad. Si te dejas impregnar de los alegatos encerrados en el finísimo estilo del autor saldrás con más ganas de ser tú mismo, lo que ya de por sí es una razón para esforzarse y tragar con las apreciaciones del autor sobre el ritmo del deshielo en la laguna y para aguantar las parrafadas sobre la belleza del búho que ulula en la noche primaveral.

Palabra de mandril.

***
                                                                                     
Para terminar os hago una propuesta, tras leer el libro, para completar la experiencia de desapego, podéis ver la película Into the wild que, aunque tiene algunos momentos chachimolones de mira qué asocial e independiente soy, si se contempla con el cuerpito serrano que deja Walden, es un buen complemento, un postre naturópata; algo así como irse a recoger moras silvestres equipado con una cantimplora de los Transformers.


2 comentarios:

un-angel dijo...

Jajajaja, no sé qué tal le sentará a usted esta sentada de lecturas humanas, señor mandril. Yo he de decir que así de primeras el libro me echa muchísmo p'atrás, en plena época estival como que me decanto por las lecturas más livianas, me posiciono mucho más con su punto de vista que con la de su jefe el Calvo ( que buen jefe tiene usted, es un sol ). Quien me iba a decir a mi que iba a aproximarme más intelectualmente a la posición del mandril que a la del humano, jajaja, pero imagino que por ahí irán un poco los tiros.
¡¡¡Ardo en deseos de conocer el punto de vista mandrilero de una novela del Connolly!!!
Besetes, y un abrazo gordo al jefe.

Víctor L. Briones Antón dijo...

Bueno, un-angel, te contesto yo. Verás, aún tengo miedo de dejar que Paco aparezca por los comentarios. Me lo estoy pensando. Digamos que aún está en periodo de adaptación a la vida en la ciudad. El otro día tuve que ir a por él a comisaría porque lo encontraron desparasitándose en el altar mayor de la catedral y claro, me da un no se qué dejarlo a su aire cuando aún es tan pedestre y su espíritu aún tiene que asumir que ya no vive en su sabana natal. Aun así me inclino a darle libertad, porque si le pedí que viniera a trabajar para mí fue precisamente para que me aportara su frescura y su desparpajo tan lejano a la seriedad humana y al fingimiento que suele predominar en esto de los blogs (y en la vida en sociedad en general).
Así que quizás, para cuando vuelva a leer a Connolly y a su personajes a los que tanto cariño he cogido Paco ya habrá pulido sus incomprensiones y podrá aportar todo lo que espero de él.
Sea como sea es un placer verte por aquí, y te recomiendo que, aunque sea a salto de mata, leas Walden tiene muchas cosas que alimentan el espíritu y además aprenderás muchísimo de agronomía, medida de las profundidades lacustres, pesca con mosca y otras artes olvidadas en este mundo donde ahora nos dedicamos a cazar pokemons.

Abrazo de vuelta, de esos que hacen pitar al abrazado como si fuera un pollo de goma.