29 de septiembre de 2016

diminutillos


210.

Que la vida sea sencilla y sea tuya
no como cuando ponemos nuestros nombres a los libros
no como cuando firmamos créditos
no como cuando soñamos con la maquinaria engrasada

Que sea simple
y pueda mutar
Que sea tuya
y no te cueste ofrecerla

4 comentarios:

Moisés dijo...

Fácil de decir, difícil de hacer... No sé si siempre fue así, pero hemos llegado a un grado de complejidad que a veces asusta. Tampoco sé si la solución es vivir la vida bucólica como Persiles y Segismunda...

Un abrazo.

PD: Yo siempre pongo mi nombre a los libros que compro, lo hago como una costumbre e incluso los he comprado de segunda mano y mi nombre luce junto al de un desconocido. ¿Debería cambiarlo?

Víctor L. Briones Antón dijo...

Amigo Moisés cambia lo que necesites cambiar, pero antes asegúrate de que esa necesidad es tuya.

Yo tampoco conozco la solución, pero sí se que, tentativamente, voy metiendo (a veces con calzador y entonces no funciona y se caen) pequeños cambios que apuntan a esa sencillez y honestidad. A mí me pasa que ya no sé estar vendiéndome veinticuatro horas trescientos sesenta y cinco días al año. De eso van los versos estos, creo...

Un abrazo fuerte.

Lo de poner los nombres a los libros a mí no me gusta, hay cosas que no se pueden poseer. Yo si pongo la fecha en la que empiezo a leerlo y lo subrayo lo que me da la gana (que, me engaño a mi mismo, es una forma de habitarlo sin poseerlo).

Moisés dijo...

Creo que mi nombre en el libro es mi única forma de posesión, luego lo dejo impoluto, no lo subrayo, ni doblo sus páginas, porque eso sí me parece violentar la pureza de sus páginas... y también guardo la fecha en que empiezo a leer cada libro desde hace años. Manías, manías...

Un abrazo y feliz fin de semana

Víctor L. Briones Antón dijo...

Amigo Moisés, En mi caso lo de la fecha es algo así como el que escribe en los aseos de la gasolinera: «Pepe estuvo aquí» (por poner a Pepe como alguien educado). De alguna manera digo que he alguien pasó por sus páginas, porque a saber dónde acabarán mis libros.

Como tu dices, cada uno con sus manías. Yo en eso pienso distinto a como tú lo haces, te horrorizarían mis libros pintarrajeados y llenos de notas en las guardas.