31 de octubre de 2018

Inventario de daños


los vencidos suelen olvidar
cómo se sueña
la derrota
cómo era el mundo antes de ser de otro

los perdidos suelen creer
en un dios
que camina por su cuerpo
para dejarlos atrás

los humillados
presumen del barro viscoso de sus labios
sellados
carentes de grito

los aparecidos los necios los locos los truncados los amartillados los muchos hombres de escombro que defienden después de su muerte el filo sutil de lo inevitable

miran a otro lado a otro mar a otro siempre a otro
en el fondo
saborean y temen su inexistencia

24 de octubre de 2018

Dónde


en lo que está cerca
en lo que no acota ni dice ni quita ni pone ni juzga ni exprime
en lo que no cacarea ni chirría
en lo que no se apresura si viene el brote del mito
a decirnos
qué somos
en lo que crece tierra y pecho
percusión y mirada de niño alado

donde nadie puede mentir
permanece
en la soledad de la raíz
sin creencia todo cuerpo compartido

es
extraño tener
tus manos dentro de mis manos

17 de octubre de 2018

diminutillos


277.

la realidad no es tan pequeña
no puedes amasarla como cuando niña
aplastabas la miga entre tus palmas
no es tan grande como cuando muerta
mezclabas ciencia y mentira
ni tan ligera como cuando gorrión
sutil picoteabas el asfalto pidiendo
la verdad de todas las ciudades

la realidad no es un traje ni una pose
no es collar ni va atada a ninguna bestia
no es joya ni moneda ni cambia tanto como dicen
no tiene ganas ni sabe que su regazo acoge
a tantos muertos desesperados por tener

su última oportunidad
para ser ciertos
la realidad es

según la luz los ojos los pasos y los caminos
es pan y pausa y lumbre y campo abierto al silencio
territorio que se explora a sí mismo

10 de octubre de 2018

diminutillos


276.

dónde poner la atención
cuándo abrazar
y qué
cómo resistir los días
que

cuando construyes para
protegerte
solo saldrán murallas de tu boca

demasiados días con almenas
demasiadas guardias sin enemigo

3 de octubre de 2018

Toque de almas


Este es un buen lugar para quedarme. Este, los libros. Ya conozco el repiqueteo en mi cabeza: campanas, campanas, campanas acusadoras, dedos que condenan a la rana de la flecha. No lo hagas, no seas, que tipo tan extraño, encorvado visto desde aquí arriba, qué rico este rito en molde; no saltes, gorrión, sin nido, no arrastres las alas y no pidas semillas al asfalto, gracias por las migas, farero. Dónde irá, qué alto estamos, qué bien picoteamos. Irá donde los libros, donde la sombra, a rechistar y debatir con el tañido.
Salto del pretil y amanezco en mi plantón, soñando estepa, que siga el badajo con su abogacía. Me salgo de la pauta primorosa, de la orden del lomo curado, del espanto del muerto por hastío; estoy preparado para este balance de amputaciones, tumores, brotes e incierta luz que perfuma y revuelve el terreno que asoma la pata por debajo de la reja. Todo menos la trinchera tras el uniforme: brazos en cruz y que me coman las campanas