3 de octubre de 2018

Toque de almas


Este es un buen lugar para quedarme. Este, los libros. Ya conozco el repiqueteo en mi cabeza: campanas, campanas, campanas acusadoras, dedos que condenan a la rana de la flecha. No lo hagas, no seas, que tipo tan extraño, encorvado visto desde aquí arriba, qué rico este rito en molde; no saltes, gorrión, sin nido, no arrastres las alas y no pidas semillas al asfalto, gracias por las migas, farero. Dónde irá, qué alto estamos, qué bien picoteamos. Irá donde los libros, donde la sombra, a rechistar y debatir con el tañido.
Salto del pretil y amanezco en mi plantón, soñando estepa, que siga el badajo con su abogacía. Me salgo de la pauta primorosa, de la orden del lomo curado, del espanto del muerto por hastío; estoy preparado para este balance de amputaciones, tumores, brotes e incierta luz que perfuma y revuelve el terreno que asoma la pata por debajo de la reja. Todo menos la trinchera tras el uniforme: brazos en cruz y que me coman las campanas