22 de abril de 2020

Tanto tener que ser niño de nuevo

—no soldado infantil—,

convierte el seto de mirto
en un milagro con hambre
de luz, de voz, en ahora
el nunca de doble vida,
en silencio los quejidos
del cadáver que amenaza:
—Volveré a crujir como antes.

Pero no lo creemos del todo.

Extraña que fuera nuestro
ese ser siempre a punto de quebrarse.