5 de agosto de 2020

Vivisección para dejar de rumiar

Matadero de Sevilla, Vivisección. Acercamientos

El cuerpo y su misterio. El cuerpo y su boca en la boca de todos. El cuerpo arrancado del cuerpo.

Si hoy poseemos un cuerpo está colgado, en vilo, se zarandea. Se desangra como una canal al final de la cadena de despiece. Cuerpo endurecido y rígido a punto de entrar en el camión que nos lo devuelve, previo pago, limpio de dudas, lleno de convención y deberes, eficiente para que podamos usarlo. Cuerpo troceado, de turismo en los lugares comunes, que atisba la inercia y la deja estar, que levita según una física estricta, siempre lejos de las pezuñas manchadas de tierra. Cuerpo sin ríos de sangre, sin voz, ajetreado, derecho, dispuesto, listo para recibir el mordisco educado para el que fue concebido.

Comunión aséptica, sacramento para nosotros sin nosotros. Algo tira de lo que pudimos ser y nos habla de renuncia, de llamar dolor al dolor.

Si hoy somos un cuerpo que sea uno que despierta, que mira antes de hacer para no acabar de nuevo pendiente, ahorcado, solo capaz de asentir ante los rieles que refulgen. Ser esa conciencia que no construye a la forma de las máquinas, que se ensimisma para abrirse al otro no para adaptarse al corte que más convenga a la realidad. Cuerpo que nace al camino, que regresa al redil para entender su piedad fallida, su promesa de paz a cambio portar el temblor y reproducirlo.

Cuerpo que resucita entre extraños y regresa al establo para arrojar la primera llama.