30 de enero de 2016

diminutillos


183.

Nunca he sido infeliz,
como mucho descontento.
Decoro y recargo la tristeza,
se me acumulan sulfatos,
medallas y apariencias.

Nunca he sido infeliz,
Solo despistado, compacto,
desatento.

27 de enero de 2016

Los pies del plato


Llamamos costumbre
a manías masivas
Rutina a nuestras renuncias

Despreciar excepciones
Afirmarnos únicos

Somos patrones vicarios
Compulsión de saldo
Obsesión sectaria

Neuróticos a la caza
de ballenas singulares

20 de enero de 2016

diminutillos


182.

con tesón
te atestas
con ganas
te derrotas
con razón
racionas
las ocasiones
para el silencio

16 de enero de 2016

diminutillos

181. 

Impostura de importación
a diez jureles el azumbre
sin instrucciones ni garantía
espeso en su podredumbre 
con náuticos gusanos gritando:
«¡no se admite devolución!».

Resultado: costuras al aire
impostado el impostor.
Importa más que el hombre
la mentira que compró.

9 de enero de 2016

diminutillos


180.

Cerca de casa existen pájaros
que quieren cantar
Muy cerca, como ellos
capaces
de trinar y ser, de no deber
nada al pasado
y de ejercitar mudanzas:
los hombres con la casa sobre los hombros.

6 de enero de 2016

diminutillos


179. 

No comas tiempo 
No comas hambre
No comas plástico 
No comas cielo 

No devores, 
basta con el sustento

2 de enero de 2016

Luna de día



A pesar de conocer la explicación para el fenómeno de la permanencia de la luna en un cielo despejado a primera hora de la mañana; a pesar de haber recogido el conocimiento académico de astrónomos (y de hacer lo mismo con algún astrólogo, por si acaso), por aquello de la confianza en los expertos y de la cercanía de una voz humana que resuelva mis dudas de colegial; a pesar incluso de la certeza científica, aún prefiero la vaga sensación de maravilla, paladear la sorpresa de lo imposible ante mis sentidos.



Puedo ver la luna y es de día. Sigo conservando el músculo de la fascinación que, como cualquier catedrático de anatomía podrá confirmarles y demostrarles, es el que moviliza el cuerpo hacia lo improbable. Estas creencias algo inocentes tienen que ver con la necesidad de cuentos patateros y de poesía en la vida adulta para ser alguien consciente, reflexivo y hambriento; alguien capaz de desprenderse de los intereses y batallas que adoptan las nomenclaturas pervertidas seleccionadas con técnica precisión y etiquetadas con esmero eufemístico siempre por otros. Necesidad, educación y resignación son fuerzas poderosas. Pero acabamos significando lo que nuestras manos crean y no lo que nuestros desinflados y gelatinosos sesos puedan creer y fabricar.



Unas manos disconformes y su luna declinando a las diez de la mañana de un día despejado, suficiente para habitar el mundo bajo la piel, el de los acuerdos imperfectos con lo establecido.